Twitter, el medio de todos

La noticia de la semana fue la muerte del Rey del Pop, Michael Jackson. No sólo por lo que representó para la música, sino porque su vida estuvo marcada por el escándalo y la controversia.

Mucho se escribirá y dirá en las próximas semanas sobre Jackson. Es lo que pasa cuando fallecen personas de ese calibre, pero ademas de lo que se escriba y diga sobre su música y su vida, la muerte del Rey de Pop, servirá para discutir sobre la manera como el mundo se enteró de la noticia y para preguntarnos cosas como: ¿para dónde van la información y los medios de comunicación tradicionales? ¿A quién creerle, a la TV o a la Internet? ¿A los periodistas profesionales o a los periodistas ciudadanos?

Veamos los hechos: la noticia del fallecimiento de Michael Jackson se conoció a través de Twitter algo más de una hora antes de que apareciera en The Angeles Times, el primer medio convencional que la publicó y casi dos horas antes de su confirmación por CNN, que es el faro informativo hacia el cual mira el mundo cuando quiere confirmar una noticia de interés global.

Los “twitters”, como se conoce a quienes integran esta formidable red social, se quejaron de la poca credibilidad y reconocimiento que recibió su primicia informativa. Sólo hasta que CNN lo dijo, el mundo Twitter respiró tranquilo.

El interés de los “twiteros” por defender su credibilidad es válido y oportuno. En las últimas semanas, Twitter ha estado, literalmente, en boca de todo el mundo porque, gracias a su eficacia, se ha podido enterar de lo que pasa en Irán. Es a través de mensajes, fotos y vídeos enviados por “twitters” iraníes a sus “followers” en todas partes del planeta como el pueblo iraní ha quebrado la censura que ha querido implantar el gobierno antes y después de las elecciones. En Colombia, los twitters informaron primero sobre la muerte del maestro Rafael Escalona y en Bogotá un llamado de urgencia a través de Twitter evitó que una familia fuera secuestrada y atracada en su propia casa.

En la era de la WEB 2.0, Twitter se está convirtiendo en “el medio de comunicación de todos”. El medio en que cualquiera puede ser periodista, fuente, comentarista o público en un juego de roles que puede rotar de un día para otro.

La facilidad de uso: tener una cuenta en Twitter es gratis, no toma más de cinco minutos y permite enviar mensajes instantáneos desde casi cualquier celular o computador. La brevedad de los mensajes, ninguno puede tener más de 140 caracteres, por complejo que sea el tema; y su integración con otras redes para publicar fotos o vídeos como Flickr o Youtube, sin tener grandes conocimientos de informática, lo convierten en el medio de comunicación perfecto.

Esos hechos ha puesto a pensar a personas interesadas en el tema sobre el futuro del periodismo, la información y los medios de comunicación tradicionales, sobre al desafío que plantean el periodismo ciudadano y medios alternativos como Twitter o Facebook frente a la calidad, veracidad, credibilidad y oportunidad de la información.

En Facebook, otra red social muy extendida a nivel global, hay una discusión entre quienes elogian fascinados la eficiencia y eficacia con que se publican y propagan noticias como la muerte de Michael Jackson y quienes elogian la prudencia de CNN de esperar la confirmación oficial del fallecimiento antes de darla por hecho.

“Los medios tradicionales han muerto” dicen en resumen los primeros. “Fue irresponsable publicar una noticia de esa magnitud sin confirmación alguna”, dicen en síntesis los segundos. ¿Quién tiene la razón? Como la noticia resultó cierta, en este episodio, la razón estuvo del lado de los primeros. Claro, sin la exageración de creer que por una “chiviada” los medios de comunicación tradicionales van a desaparecer. ¿Qué pasará el día en que una noticia resulte falsa?

El tema es apasionante. De un lado están el periodismo y los medios de comunicación convencionales de quienes esperamos información responsable, veraz y oportuna y a quienes castigamos cuando se equivocan retirándoles nuestra confianza y sintonía. Del otro lado el “periodismo ciudadano”, una especie de periodismo colectivo, hecho entre todos, por gente de a pie cuya única responsabilidad no parece ir más allá de su propia conciencia, que en la mayoría de las veces se oculta tras un seudónimo, que hoy está y mañana quién sabe, pero que cuenta con la gran ventaja de estar casi siempre en el lugar de la noticia y de no tener intensión distinta a la de contar lo que pasó.

¿A quién creerle? ¿A la rapidez y el entusiasmo del ciudadano bien intencionado que aprovecha las nuevas tecnologías, transmite lo que ve y lo va contando a su leal saber y entender? ¿Al profesionalismo del medio y el periodista que se abstienen de publicar lo ocurrido hasta tener plena confirmación?

Creo que las dos opciones son válidas. Creo que cualquier ciudadano tiene el derecho de contarle a los demás los hechos de los cuales es testigo o participe. Creo, sin embargo, que los demás debemos actuar con cautela antes de propagar informaciones sin confirmar.

La credibilidad y confianza que reclaman los twitters se ganan con el tiempo. Con la publicación continua, seria, responsable y oportuna de informaciones ciertas. A CNN tampoco le caíamos al principio. Si Twitter y sus seguidores logran hacerlo se convertirá en un soñado y formidable medio de comunicación de todos y para todos que todos queremos. Si, por el contrario, deja prosperar la ligereza y el chisme no pasará de ser una moda más que desaparecerá sin pena ni gloria.

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