¿Se necesitan las oficinas?

Esta pregunta me viene a la cabeza cada vez que descubro una nueva herramienta de comunicación que me permite trabajar desde cualquier parte como si estuviera en la oficina. Los últimos descubrimientos son dos: el nuevo software del iPhone y la conexión 3G que ofrecen las empresas de telefonía celular.

El iPhone nos permite leer, editar y procesar documentos de word, excel y power point. Facilita la conexión directa con la oficina para administrar el correo electrónico corporativo, compartir documentos y participar en Juntas y Comités de manera virtual usando el recurso de la mensajería instantánea y actúa como modem para la conexión a Internet desde el portátil con el mismo plan de datos.

Cuando uno puede hacer todo eso desde la sala de espera de un aeropuerto, mientras escucha una conferencia o desde un parque, es imposible dejar de pensar: ¿Se necesitan las oficinas?

Tener una oficina implica disponer de un sitio para instalarla, muebles, computadores, teléfonos, servicios públicos, vigilancia, mantenimiento y una larga lista de elementos y servicios que necesitan las personas que van a trabajar a las oficinas. Porque las oficinas son eso: un sitio para que un grupo de gente trabaje.

Para que la gente llegue a sus oficina se requieren medios de transporte, individual, colectivo o masivo y tiempo, mucho tiempo. Como sabemos un recurso natural escaso y no renovable, como dirían los ecologistas.

En Bogotá, por ejemplo, se estima que un oficinista gasta en promedio tres horas del día para ir a la oficina y volver a su casa. Tres horas durante las cuales debe soportar y sortear que lo agotan y le dañan el genio. Y todo eso, ¿para qué? Para llegar a la oficina, el sitio en donde, junto a otras personas que sufrieron el mismo calvario, deben dedicar 8 horas diarias a ejecutar tareas que podrían haber hecho desde la comodidad y la tranquilidad de sus casas, si contaran con los elementos y herramientas necesarios.

Me atrevo a pensar que por lo menos el 70% de las tareas que se hacen en las oficinas se podrían hacer desde la casa. En el mundo de hoy elaborar documentos, compartirlos, corregirlos y discutirlos son ejercicios que gracias a la tecnología no requieren de la presencia física de las personas en un mismo sitio. Basta con tener un computador, un buen servicio de correo electrónico, una buena conexión a Internet y pare de contar.

La comunicación por mensajería instantánea o video conferencia suple con lujo de detalle las tediosas reuniones de comités o juntas directivas.

¿Se necesitan las oficinas? Aún no me atrevo a dar una respuesta definitiva, pero voy a investigar el tema. Por ahora los invito a pensar y, si les queda tiempo, a compartir sus puntos de vista conmigo y quienes leen este blog.

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