Anticipado elogio del viernes

Por Fray Augusto
El jueves uno se para en la punta de los pies y divisa el día viernes. Llega el viernes y en todas las caras se instala una sonrisa de oreja a oreja. El viernes saca la semana del anonimato. La semana vale la pena por la llegada del viernes. En el calendario romano se le llamaba día de Venus, en honor a la diosa del amor.
Según la enciclopedia Encarta que nos ayuda a posar de sabihondos, en la iglesia ortodoxa griega, el viernes es un día de abstinencia. Antes de Semana Santa, a los católicos los ponen a aguantar filo, uno de los nombres del ayuno.
Saber que el sábado se puede dormir hasta tarde y no hay que madrugar a triturar horarios laborales, vale oro. Si no existiera el viernes, habría que inTentarlo.

Como el Corazón de Jesús se las sabe todas, los primeros viernes de mes pide lo mismo para todas las mesas. Y encima la salvación eterna a quienes llenen ciertos requisitos.
Claro que este diíta tiene su mala prensa. En algunas culturas se le considera un día de mala suerte por aquello de la Crucifixión de Cristo. Durante muchos años fue el día de ejecución de criminales de esos que son más malos que la comida de la cárcel.

Los españoles le dicen “cara de viernes” a aquel tipo que anda tristón, achilado. A este día se le da el alias de Viernes Cultural para despistar al enemigo. Nada de cultura, que viva la parranda.
El sábado suele despertarse enguayabado de todo lo que bebió la gente la víspera.
¿Cuando hay pedreas un viernes? Desde el jueves, los revolucionarios cogen impulso para celebrar el fin de otra semana. No creo de una sola revolución que se haya iniciado un día como el que empezamos a vivir. Sin viernes no hay paraíso que valga. Es el día sauna  de la semana.

Una buena idea para llevar a la práctica es convertir la semana en un viernes de ocho días.
Como este día los terrícolas  andamos como anestesiados, muchos gobiernos lo aprovechan para reajustar precios. Si tiene una noticia mala que dar, déjela para el viernes, que impacta menos. Uno está en una patria boba anímica hasta rara.

Cuando Dios hizo el mundo, dejó el viernes para echarse su canita al aire.

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