De chorizos y encuestas

Alvaro Gómez Hurtado solía decir que las encuestas eran como los chorizos que es muy rico comérselos, pero sin preguntar como los hacen. Era su manera de explicar porque las dos o tres encuestas que se hacían entonces no coincidían en nada y dejaban a la audiencia con la sensación de que los resultados dependían de quien pagara la factura.

En esa época las encuestas eran diseñadas y contratadas por los partidos políticos o las propias campañas. Es decir, hechas sobre medidas. Eso cambió con la conformación de grandes conglomerados de medios de comunicación que asumieron esa responsabilidad y la aparición de normas que obligan a contratantes y encuestadores explicar como las hacen.

Todo marchó más o menos bien hasta este año cuando lo atípico de la campaña, que redujo su duración de un año a tres meses y la proliferación de mediciones tiene a todo el mundo confundido y con los pelos de punta.

Y no es para menos. Cada 24 o 48 horas aparece una nueva encuesta que refleja unos cambios bruscos de opinión en cosa de días u horas sin razón aparente y con el agravante de que se están afectando unas con otras. Hay tantas y tan seguidas que cuando está en trabajo de campo una encuesta en los medios se está hablando de las otras. Un fenómeno perverso que está distorsionando la opinión y la información.

Es tal la influencia de las encuestas en esta campaña que la gente está tomando su decisión de voto con la base en sus resultados y no en las propuestas o perfil de los candidatos. Los candidatos a su vez, se están moviendo al ritmo de las cifras y no de acuerdo con su conciencia.

Cifras y datos que dejan mucho que desear por errores o cambios de metodología que han causado variaciones extrañas, como el caso de dos candidatos que de un día para otro aparecieron con 10 puntos y una semana después volvieron a desaparecer del escenario sin que el encuestador haya dado explicación satisfactoria.

Contribuye a enrarecer el ambiente los encuestadores que además ejercen como comentaristas de sus propio trabajo o el de sus rivales y lanzan pronósticos que se cumplan o no siembran dudas sobre la objetividad con que se hacen. Por ahí anda un analista-encuestador que lleva 8 años presagiando el desplome de la popularidad del Presidente Alvaro Uribe.

Ante ese panorama, tengo entendido que dos de los grandes grupos de medios que patrocinan las encuestas decidieron aplazarlas para darle un respiro a candidatos y electores. A ver si dejan de hacer ruido y nos permiten escuchar qué es lo que proponen los candidatos a ocupar la Casa de Nariño en los próximos 4-8 años.

Se agradece el detalle..

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