La inverosímil Argentina

Por: Gabriel Romero Campos

Fue inverosímil que Maradona hubiese sido escogido como entrenador de Argentina. Fue inverosímil que en la eliminatoria al Mundial de Sudáfrica hubiese permanecido al frente. Argentina era una suma de individualidades, pero no un equipo.

En el Mundial de Sudáfrica fue inverosímil que una selección que jugaba sin convencer y no era sólida ganara en favoritismo. Los críticos de Maradona fueron desapareciendo o debieron guardar prudente silencio, mientras el espejismo de Messi, Tévez, Higuaín y Verón se hacía más grande.

Pensaban que Maradona, que llenaba de besos y abrazos a los jugadores, era el salvador. Entonces llegó Alemania y en menos de 90 minutos hizo que Argentina descendiera en caída libre de su cúspide de papel.

Tras la derrota, a esta atribulada Argentina le siguen ocurriendo más cosas inverosímiles: que Maradona no se haya ido aún, que 15 mil personas la reciban con fervor en el aeropuerto y que directivos, buena parte de los medios de comunicación y la opinión pública, insistan en que Maradona siga.

Tal vez, cada argentino, en su fuero interno, en lo más profundo de su conciencia, crea que Maradona debe irse, pero no se atreve a decírselo. Teme traicionar al ídolo. Está a la espera de su decisión final, y si Maradona decide marcharse, lo respaldará.

Tal es la situación de esta inverosímil Argentina, que ha tomado la determinación de hundirse con su ídolo.

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