Menosprecio

Por Gabriel Romero Campos

Se ha ido Brasil del Mundial y alrededor del mundo aún se observa la mirada larga y vacía de sus seguidores. Cada uno tiene una explicación. El primer golpe de Holanda a Brasil lo asestó el célebre Johann Cruyff cuando, antes del juego, dijo que la Selección de Brasil era una vergüenza. Hizo la crítica en momentos en que más de media humanidad tenía a Brasil en la final de la Copa Mundo.

Apenas recorrida la primera vuelta del torneo, en América se decía con cierto desdén que estábamos jugando la Copa América. Que solo existían las selecciones latinoamericanas, pues dos de las grandes europeas, Italia y Francia, se habían marchado por la puerta de atrás.

Pero a Europa no se le puede negar su historia. Hoy, Holanda, que ha disputado dos finales del mundo, ha dado prueba de ello. Ha sabido soportar la adversidad, ha sabido ponerse adelante y ha sabido conservar la ventaja. Holanda sigue en pie, porque distinta a otras selecciones, no le temió a Brasil. Descubrió sus debilidad

es y de a poquitos lo fue dejando por fuera. Es trágico cada vez que Brasil es archifavorito. Lo fue en el Mundial del 50 y en Espana 82, y sus juegos decisivos de esos tiempos terminaron con las mismas miradas vacías que hoy le dan la vuelta al mundo.

No se va el mejor, como algunos dicen. Lo que ha ocurrido es que hemos descubierto a la verdadera Brasil, con ingenio, sí, pero sin arresto físico. Frágil a la hora de las dificultades. No es tiempo de menosprecios, es el mensaje de Europa. Por fortuna, esta no es la Copa América. Por algo los mundiales son cada cuatro años.

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