Apuntes de motocicleta: Hoy, la cadena alimenticia

Conducir motocicleta en Bogotá exige un conjunto de habilidades que se van aprendiendo y asimilando a medida que pasan los kilómetros. Algunas destrezas tienen que ver con la manera como funciona ese tipo de vehículo, pero la gran mayoría de ellas con la forma como se maneja en la ciudad del caos.

Lo primero que debemos entender, y aceptar, es que en esta selva de cemento que es la calle bogotana, el uso del espacio, el respeto por la norma y la supervivencia se asimilan a lo que ocurre en la llamada cadena alimenticia del reino animal. El motociclista es la especie inferior. La especie más débil individualmente considerado.

Para los peatones, que uno supondría son el pez más pequeño, el motociclista es una amenaza, un peligro, más o menos un delincuente al que se debe tener lo más lejos posible. ¡Como será la animadversión del peatón que, ni siquiera los vendedores y rebuscadores de los semáforos se atreven a pedirles una moneda!

Para los conductores de vehículo particular, el motociclista un estorbo. Una amenaza a su propia seguridad. Unos tipos ruidosos que se burlan en su cara en el trancón y que pasan a toda velocidad despedazando los espejos.

Para los taxistas, especialmente aquellos de los carritos con forma de zapato que son motos con carrocería, un competidor con el que no hay que tener contemplación alguna.

Para los choferes de bus, y en eso están parcialmente de acuerdo con los taxistas, el motociclista es un traidor. Un ex pasajero venido a más al que hay que intimidar, amenazar, estorbar y derribar. Alimentan así el sueño perverso de que algún día, vencidos por el miedo o los porrazos, los vuelvan a ocupar.

Para los choferes de volqueta, camión o tractomula usted querido compañero motociclista simplemente, NO existe. Eso significa que si comete el error de atravesarse en su camino pasaran por encima sin apenas darse cuenta. Si, en cambio, son ellos los que se atraviesan más vale que los frenos de su moto funcionen. En caso contrario pasara algo similar a lo que ocurre con esos bichitos que mueren aplastados contra el parabrisas en los viajes por carretera.

Los únicos, en alguna medida solidarios con un motociclista, son los demás motociclistas. Pero esa solidaridad será mayor o menor de acuerdo con la subespecie a la que uno pertenezca.

De eso hablaré en otro post.

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