El primer pulso

En sus discursos del 20 de julio y 7 de agosto, el Presidente del Congreso, Armando Benedetti se quejó del poco respeto que inspira el parlamento como institución.

No se refería al trillado tema de la corrupción y la politiquería a la que son propensos sus miembros, sino al hecho de que en Colombia los debates de control político, la discusión de las Leyes y de los grandes temas se dan por fuera del Congreso.

El senador Benedetti prometió corregir esa situación y rescatar la independencia y el poder legislativo del Congreso.

Llegó la hora. El Ministerio del Interior acaba de anunciar que presentará al Parlamento, a través de la Comisión Primera de la Cámara de Representantes el proyecto de Ley que le otorga facultades al gobierno para la separación de los ministerios del Interior y de Justicia, el de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial y el de la Protección Social.

Las leyes de facultades son aquellas que le ceden al Gobierno la facultad del Congreso de la República para legislar sobre una determinada materia. En otras palabras, leyes que le quitan poder al Congreso. Es decir, justo aquello de lo que se quejó el Presidente del Congreso en sus dos comentados discursos inaugurales.

Como las promesas son para cumplirlas, uno esperaría que el Senador Benedetti se oponga a la aprobación de ese proyecto de ley y trabaje febrilmente para que sea el Parlamento el que determine cuantos y cuales ministerios deben existir en Colombia, las funciones de cada uno, su conformación, nómina, presupuesto, etc, etc.

Si el Senador Benedetti cumple su promesa de recuperar la majestad del Congreso como institución fuerte, respetada y respetable estaremos ante el primer juego de poder real entre el nuevo Gobierno y el nuevo Congreso. Si eso no ocurre nuestro flamante parlamento será, como diría el inolvidable Jaime Garzón, el mismo de antes.

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