¿Permiso para opinar?

En pleno auge de Internet, de blogs. De Twitter y Facebook. En esta época de redes sociales y comunidades virtuales. En esta época en la que opinar es casi una obligación por la facilidad que existe para acceder a medios de comunicación, opinar es más peligroso que antes. A las habituales amenazas de los delincuentes de alto y bajo perfil de toda la vida se suma ahora la presión de los dueños de los medios, los jefes y los jueces.

Basta dar un repaso a lo ocurrido en las últimas semanas para darnos cuenta. En Estados Unidos la todo poderosa CNN despidió a una corresponsal que se atrevió a opinar en Twitter sobre la noticia que estaba cubriendo. En Colombia, un juez llamó a juicio a Claudia López por los delitos de calumnia e injuria por opiniones expresadas cuando era columnista. Y en Medellín, la Oficina de Prensa de la Alcaldía castigó con el traslado a una ratonera a un periodista que cuestionó en su perfil de Facebook una inversión que consideraba superflua. Amén de lo que está ocurriendo con los reporteros encargados de en la guerra México,

Tres maneras distintas limitar un elemental derecho humano. El de expresar libremente sus pensamientos. Una practica que parece recrudecer en estos días, a juzgar por el completo informe que publica hoy en el diario El Tiempo el columnista, Sergio Muñoz Bata bajo el título “El riesgo de opinar” cuya lectura recomiendo.

¿Pueden los jefes “infiltrarse” en los perfiles de Facebook de sus empleados para espiar con quién hablan, de qué hablan y qué están pensando? ¿Cuando un medio nos contrata para escribir noticias, también compra nuestra conciencia y nuestras opiniones? ¿La lealtad debida a las empresas y personas para las que trabajamos incluye la censura a nuestros pensamientos y sentimientos?

Apenas tres preguntas sobre un problema que, seguramente demandará muchas más. El tema está ahí. La amenaza está ahí. La necesidad de redefinir las reglas está ahí.

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