Manuel quedó con hambre

Por: Luis Arturo Paez

Una paradoja cambió las conversaciones del medio día de ese martes soleado de agosto. La familia Blanco Cruz acababa de almorzar pero su hijo llegó de la escuela diciendo que tenía hambre.  La mirada de sorpresa de Sonia, la madre del pequeño Manuel,  encontró una respuesta que no se había escuchado durante los 5 años que lleva estudiando en la concentración veredal construida hace más de 40 años por la Federación de Cafeteros:

-Mami, es que el almuerzo estuvo muy poquito. Casi no nos dieron nada: solo pasta, medio huevo, dos tajadas de plátano maduro y un vasito chiquito de jugo de piña.

De este instante surgió la inquietud por preguntar qué pasaba con la alimentación de los estudiantes. Las sorpresas aumentaron en forma directamente proporcional al tamaño de la muestra investigada. Rápidamente esta problemática pasó de ser un asunto de una escuela a afectar a cerca de 670.000 estudiantes de primaria y secundaria de los 123 municipios del departamento de Boyacá.

Las aparentes irregularidades se presentan en la actual aplicación del  Plan “PAPA”, bautizado así por su referencia directa a la figura paternal y al tubérculo cuyo origen se remonta a hace 8 mil años en Bolivia, que tanto enamoró a los españoles durante la conquista, y que ahora es la base de la alimentación de los habitantes del llamado altiplano cundiboyacense.

El programa fue creado en la gobernación de Jorge Londoño y premiado como una de las herramientas novedosas y eficaces para llevar nutrición a los estudiantes, lo extraño es que desde hace cerca de 3 meses la papa no ha alcanzando para todos.

Testimonios de ecónomas, así le dicen a las señoras que administran los restaurantes escolares, revelan cómo por cuenta de los mercados en mal estado y deficientes, repartir almuerzos y refrigerios se convirtió en un problema matemático.

-Es que tenemos que hacer rendir una porción para dos y tres estudiantes, dijo una señora en Sogamoso.

Y algunos alcaldes y rectores, no a todos les interesó el tema, se lo confirmaron a  Ángela Molina corresponsal de Noticias RCNTV en Tunja.

-me ha tocado presenciar cómo se debe hacer rendir una zanahoria y un huevo para cuatro alumnos dijo el alcalde del municipio de Caldas.

-Yo pedí que nunca más me mandaran carne molida, pues no sabía la calidad de lo que me estaba llegando, aseguró el alcalde de Arcabuco.

El plan “PAPA” está en manos de la empresa Nutriboy a la que le adjudicaron el contrato por cerca de 33 mil millones de pesos, aportados por la gobernación, el ICBF, los alcaldes y los padres de familia.

A la hora de las respuestas la mayoría negó la problemática. Lo atribuyeron a casos aislados.

El gobernador José Roso Millán aseguró que su administración ha entregado todos los aportes y que el problema estaba en algunos alcaldes que no habían “podido” entregar los recursos debido a la ley de regalías. Aún me pregunto si quiso decir “ley de garantías”.

La directora de Bienestar Familiar, pidió mayor compromiso para cumplir la minuta asignada por los nutricionistas y así suplir los requisitos alimenticios de una población en plena etapa de desarrollo sico-motriz, como dicen los especialistas.

Los directivos de Nutriboy aceptaron las deficiencias.  Pero, aseguraron que están haciendo lo que pueden para no dejar a los niños con hambre ya que no les han cumplido con los pagos y que bajaron el tamaño de las raciones, para cubrir más estudiantes.

Mientras el tema se debate en la asamblea de Boyacá, la denuncia se quiere llevar al plano político.  Otra de las costumbres de algunos funcionarios que no cumplen con sus deberes y cuando se sienten descubiertos, solo atinan a decir que se trata de opositores que quieren desgastar su obra.

Toda una confusión en un sector donde no debería existir la más mínima duda o que le pregunten a los miles de niños Manuel de Boyacá, si es cierto que llegan a su casa a pedir más almuerzo porque quedaron con hambre o porque quieren incomodar a algunos funcionarios municipales o departamentales.

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