Béisbol para cachacos

Por: Óscar Domínguez Giraldo/Corresponsal de cosas importantes

Para los costeños, los cachacos somos esos tipos del interior, jartos, solemnes, aburridos, que tenemos la montaña por cárcel. Sospecho que les damos lástima. Con gusto nos darían pa’l bus.
Se mofan de nosotros porque no tenemos un García Márquez, un Pibe Valderrama, un Núñez que invente himnos de letra inocua pero con esta virtud: lo escuchamos en el exterior, o en algún triunfo de nuestra selección de tute, y aflojamos la lágrima.
Los del interior tampoco tenemos una Shakira. Ahora, además de mar Caribe, nos llevan de ventaja un campeón mundial de béisbol: Edgar Rentería, el “Niño de Barranquilla”, como le dicen a este morocho de 35 años, hijo de doña Visitación, elevado a la categoría de fugaz inmortal.
De la mano de este currambero que hace unos meses estuvo más disminuido físicamente que Blas de Leso, los Gigantes de San Francisco disfrutan como nuevos reyes de la pelota caliente.
Hace dos noches, cuando Rentería, García Márquez del campo corto y del bateo largo, se fajaba con la manilla, los cachacos veíamos insulsas telenovelas. O engullíamos noticias sobre corruptos. La Costa, con la seriedad que ameritaba, seguía el juego decisivo por televisión. Si el mundo se hubiera acabado esa noche, los hermanos caribes no se habrían dado cuenta.
En la mañana del martes, la radio cachaca, a toda marcha, trató de desatrasarse de noticias. Este despiste sobre lo que se definía en USA, es debido a que muchos profanos del interior confundimos el béisbol con la sota de bastos, plato, con plató.
Por décadas, en Colombia, el béisbol fue patrimonio de la Costa. La distancia se acorta, gracias a atletas como Edgar. En el Medellín de los años sesenta era famoso un colega suyo, José Miguel Corpas. El béisbol para los estudiantes costeños en tierra ajena era el polo a tierra con su océano.
De pronto está próxima la posibilidad de que se cumpla en Colombia la sentencia – recordada por el periodista Alberto Salcedo- del escritor Tom Clark: “En el fondo de su corazón, todo niño preferiría robarse la segunda base que un automóvil”.
Pero del ahogado el sombrero. Celebremos que fue un pelotero del ninguneado interior, Luis Castro, de Medellín, el primer latino, no sólo colombiano, que lució el traje de pelotero de las grandes ligas.
Lástima que eso haya sido en 1902, según recordaba el historiador Rodolfo Segovia, fanático de este deporte en el que masticar chicle y rascarse las partes pudendas forma parte del ritual.
Lejos estuvo Castro de la excelencia mostrada por Rentería, discreto como un cartujo, escaso de palabras, pero elocuente en el diamante.
Tanto que ya es reputado por sus hiperbólicos paisanos como el mejor deportista colombiano de todos los tiempos. Algo que los cachacos no vamos a admitir… salvo si nos invitan a comer langosta
El paisa Castro voló bajo. Rentería lo rebasó. “Los ciegos van al estadio solo para escucharlo batear”, como se decía de otro famoso colega suyo.
Edgar se inmortalizó desde su humilde condición de paracortos. Este oficio consiste en atrapar una bola que le arroja, furioso, un cliente con el que jamás se ha tomado un café. Ahí vamos aprendiendo.

GLOSARIO

La siguiente es un pequeño glosario para que los legos se familiaricen con este juego:
Béisbol: juego de azar que se juega sin cartas y que consiste en interrumpir el vuelo de una pelota entre el pitcher y un señor enmascarado llamado catcher.
Umpire: guardaespaldas del catcher. Como los maridos oprimidos siempre tiene la última palabra. Umpire locuta, alegato finito.
Guante: adminículo que se lleva en una mano para que no se estropee el manicure. La otra mano es para sonarse la nariz en vivo por televisión. También le dicen manilla.
Catcher: sujeto que se disfraza para evitar que lo descubran los acreedores. Intercambia señales con el pitcher que solo ven millones de personas en todo el mundo.
Urbanidad: La más ultrajada en el juego del béisbol: entrenadores y jugadores de la pasan todo el tiempo mascando chicle y escupiendo.
Pitcher: bípedo bien pagado que echa a rodar la bola, previo diálogo con los ojos y las manos con un compañero de nómina que se le pone al frente para que lo vea.
Jonrón: Algo así como correr cien metros planos por debajo de los diez segundos.
Primera base: cuota inicial para construir una carrera.
Carrera: la sal del cuento. El gol – gu orgasmo, según Galeano- en béisbol. Fault: lapsus del béisbol. Metida de pata, en este caso, metida de bola.
Base por bolas: premio seco que otorgan lanzadores flojos para impedir el milagro de cirugía estética que consiste en convertir una bola en jonrón o hit.
Hit: pariente pobre del jonrón.
Robar bases: delito no tipificado en el código penal que consiste en pasarse de listos cuando el pitcher conspira con su catcher.
Ponchao: sujeto que sale por chatarra de un escenario llamado bellamente “diamante”.
Out: en política, no estar en ninguna nómina. En la vida, ser un bueno para nada, “lo que el gato no tapó”, un eterno n.n. En béisbol, dejarse sacar del juego.
Abanicar la brisa: pasarle la bola al bateador como Pedro por su casa.
Chicle: droga que utilizan jugadores y entrenadoes gringos para pensar pensamientos beisbolísticos. El béisbol, la vida y el modo de vida americano, serían imposibles sin su majestad el chicle. Sin chicle, no habría béisbol. Como tampoco habría bandoneón sin la rodilla en la que se apoya.

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