La violencia urbana se toma el país

Por  Rubén Darío Mejía Sánchez

Reporteros Asociados Del Mundo

Cuando el Gobierno del presidente Santos anuncia una serie de medidas para erradicar la violencia en el país y se muestran operativos por parte del Ejercito y la Policía, se puede creer que la guerra sigue igual contra los grupos subversivos y que nos estamos olvidando de un mal peor o mayor que el anterior que es la violencia impuesta por las bandas emergentes y delincuencia común en las principales ciudades del país.

Parece que nos estuviéramos volviendo insensibles, se amenazan fiscales, periodistas de provincia, se violan y asesinan niños, los ciudadanos son víctimas del paseo millonario, de las extorsiones y hasta un gremio que era mirado con gran admiración por su colaboración con las autoridades, como es el de los taxistas se ha vuelto violento, dejando en claro que no son todos los que se dedican a hacer justicia por sus propias manos y maltratan al pasajero, no es solo dándole golpes, sino robándole directamente, cuando se le cobra mas por sus servicios, abusando de ellos y de sus necesidades. No es justo que cuando se necesite un taxista para llevar a un enfermo, estos se nieguen porque las personas llevan sillas de ruedas u otros elementos por tener discapacidades físicas y las autoridades se hacen las de los oídos sordos, como lo que sucede en la capital de la república, en donde el alcalde Samuel Moreno prefiere salir corriendo del país a mostrar que es necesario tener un metro cuando está al frente de una ciudad insegura y con muchos problemas para resolver como el de la movilidad.

Lo sucedido en la madrugada de este jueves en la capital colombiana, en donde fueron asesinados a tiros de revolver dos sacerdotes católicos no tiene nombre y mucho menos lo que hizo la Policía de la ciudad cuando citó a los medios de comunicación no para hablar de este problema gravísimo, sino para anunciar que habían rescatado dos llamas, que se le habían perdido a una pareja y que eran estos animales los que les proporcionaban en sustento diario. Pero con el respeto que se merece el general Naranjo, muchas veces sus hombres, no solo en la primera ciudad del país sino en diferentes regiones del país están fallando, lo que quiere decir que hay que hacer un análisis de la situación y poner los correctivos a marchar cuanto antes. Lo que sucedió con uno de los policías mayores del departamento del Caquetá que fue detenido cuando llevaba cocaína en su carro particular es bastante delicado, porque el ciudadano de a pie se pregunta en estos momentos “y entonces en quién se puede creer?”.

La delincuencia anda suelta y mas se demora un ladrón o asesino en ser detenido que en recuperar su libertad, por lo que sería bueno que los Padres de la Patria utilizaran mejor el tiempo y en especial las sesiones extras para modificar el Código de Procedimiento Penal, para castigar a los verdaderos culpables y demostrar que en Colombia la justicia si vale. Los escándalos de las guarniciones militares no paran y a pesar que el Ministro del Interior y el Director de la Policía digan que no hay delincuentes de primera y de segunda, en el país si los hay, porque hemos conocido casos en los que un ladrón de banco, se sale con las suyas con solo una semana de detención, mientras que quien se roba un pedazo de queso para llevar a su familia es condenado a más de cuatro años de prisión, lo que quiere decir que estamos en donde de verdad la justicia es para los de ruana.

Se necesita trabajo, educación, educando a los padres y obligándolos, no rogándoles que lleven a sus hijos a las escuelas y colegios para que sean hombres y mujeres que le sirvan al país en el futuro. No podemos olvidar a nuestros jóvenes, porque como van las cosas así no vamos a llegar a ninguna parte. Hace algunos años hablar que una persona había perdido la vida era un verdadero escándalo, pero ahora ni para los medios de comunicación ni para las personas común y corriente esto tiene ningún significado, porque nos hemos acostumbrado a vivir en medio de la violencia y de no interesarnos lo que le puede suceder a nuestro vecino, sin pensar, que lo mismo nos puede suceder en un futuro a nosotros mismos. Colombia clama justicia para erradicar la violencia tanto urbana como rural.

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