A propósito de San Valentín

El día de los enamorados y ¿qué hay para las solteras en esta fecha? Ya sé que debería odiar el famoso día; no tengo quien me mande las flores que odio, los chocolates que me enloquecen, las cartas cursis que seguro amaría. No tengo quien me invite a comer con vino y horribles pétalos de rosas por todas partes, ni quien me de bombas con mensajes trillados que no sirven para nada pero que me encantaría que me llegaran con cien. No tengo quien me de el anillo de plástico que sueño que me den en un día como este. Tampoco tengo quien me compre, para celebrar el amor,  ropa interior roja, o rosada, con encajes, lazos y ligueros y que solo por ser hoy me lleve en la cama a la luna, a Marte a las estrellas y me traiga de vuelta.

No tengo quién dure una semana tratando de sorprenderme en este día, para hacerme feliz y demostrarme lo importante que soy y que hay que celebrar por el amor que privilegiadamente tenemos.  Celebrar porque finalmente tenemos alguien con quien compartir este día, los días, la vida. No tengo quien me abrece y menos quien me bese. No tengo quien me de regalos de princesas de Disney: una pulserita de Ariel, las Hadas de la Bella Durmiente, los tacones de la Cenicienta, la película de Rapunsell o el beso de Aladino. No tengo quien, solo por ser el día de los enamorados actué como un idiota, como todos los enamorados. No tengo quien haga una locura cursi en este día, de esas que me ría hasta la burla, recuerde por siempre y me enamore hasta el infierno.

No tengo por quien cranear la más romántica y empalagosa sorpresa. No tengo a quien llenarle la habitación de post-its con lo que siento, lo que me ha hecho sentir, lo que sueño y lo que hemos vivido. No tengo a quien imprimirle una foto de los dos riendo, abrazados con mi mensaje más amoroso, creativo y hasta ordinario. No tengo a quien dejarle en la portería una cajita con corazoncitos recortados con mi mal pulso y besos de chocolate. No tengo a quien al verlo darle una, solo una bomba de helio con una nota pequeñita abajo que diga “Que sea para siempre, ¿sí?”. No tengo a quien mandarle a la oficina un desayuno y al final del día invitarlo a pasar una noche en un hotel de esos que se escriben con M. No tengo a quien dejarle el más patético mensaje en Facebook, ni el más asqueroso tuit, ni mucho menos a quien dedicarle esta entrada al blog. No tengo a quien dejarle el carro lleno de post its de corazoncitos, ni a quien enviarle por email una pequeña parte de una película que duré buscando cinco días y que nos identifique. No tengo, no tengo a quien mirar hoy como una demente enamorada, ni a quien abrazar, ni a quien darle mis sueños, ni mis miedos, ni mis inseguridades, ni mi ternura, solo por ser el día de los enamorados.

San Valentin: malo. No tengo con quien compartir el día y debo odiarlo, pero no. De hecho me encanta el día. Me encanta preguntar que hacen los enamorados, husmear en las historias ajenas, llenarme de ideas y regalar mi creatividad. Amo este día, porque celebra el amor que aunque no tenga, existe.

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