Fuequequefuequeque

Escurrir el bulto, echarle la culpa al prójimo de nuestros errores,  es un viejo pasatiempo-tic criollo. Tan frecuente como arruinar virginidades. O despotricar de las suegras y de los gobiernos.

Tiene nombre esta práctica que nos nivela por lo bajo a los mortales de la parroquia: Fuequequefuequeque. Busqué la palabreja en el Diccionario de la Academia Española y, claro, me regañó en rojo color: “La palabra Fuequequefuequeque no está en el Diccionario”.

Por eso me emocionó hasta agotar mis existencias de clínex, una carta enviada a los mandamases del Metro de Medellín por el gerente de la empresa que les elaboró el ecológico almanaque para este año.

El gerente se da estruendosos golpes de pecho por haberle dado al miércoles 20 de abril el estatus de festivo. Aclara que él y su tribu querían referirse al viernes 22 que sí lo es. Y Santo, además.

“Aceptamos totalmente la equivocación de Gatos Gemelos Comunicación y excluimos de cualquier responsabilidad a la Empresa de Transporte Masivo del Valle del Aburrá Limitada”, dice en una prosa más literaria que  gerencial.

Más claro no cantaba el gallo de la Pasión, antes de convertirse en sancocho de paseo de olla, pelota de números y pantaloneta en la cabeza.

Detectado el lapsus, el gerente  Erick H. Pitchot no se asiló en el eufemismo “fuequeque…”. No, agarró el toro por los cachos y de una entró en materia: “Soy Gerente de Gatos Gemelos Comunicación…”, y se dejó venir “por peteneras y por soleá” con sus explicaciones.

Nada de culpar a  la señora del tinto, a la secretaria, a los frisoles con sidra, al gato, al gallinazo del diluvio. Asumió solito el desgaste. Se dio la pela, en una palabra.

La carta es todo un manual para aclarar equivoquidos. Lo piratearé con los créditos debidos “cuando llegue la ocasión”.

A veces las erratas son más interesantes que los originales. Como en esta ocasión.

Pichot da chiva adicional: “Al utilizar papel reciclado para estos calendarios, se evitó la tala de seis árboles y se ahorraron 10 metros cúbicos de agua, aproximadamente”. Un millón de gracias cuadradas por consentir lo que queda del medio ambiente.

La precisión me recordó lo  sucedido en un exclusivo restaurante bogotano  donde se celebró un matrimonio de muchos trinchetes que incluía todo. Hasta fotos. Pues bien,  cuando fueron a ver, las vistas o retratos nunca salieron.

Pero boda sin fotos no es boda. Es  una guachafita con músicos,  borrachos, uno que otro lagarto,  y solteros que suspiran por la virginidad de la novia. Y por su chequera, claro. ¿Qué hizo el abrumado gerente? Ordenó repetir la fiesta. Invitó la casa. Solo cambió el fotógrafo que debió cambiar de profesión, sospecho.
Debo aclarar que el calendario que me tocó en reparto está correcto. Lo digo por si el doctor Erick desea  escribir otra contundente rectificación. Le quedan del carajo. Tanto que Gatos Gemelos debería incluir en su portafolio un  servicio adicional que podría llamarse: “Producimos erratas con anestesia”.

Por Óscar Domínguez G.

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