Hay amores eternos que duran un solo día

Entró al bar y estoy segura que lo primero que vio fueron mis ojos, se puso nervioso con mi mirada coqueta y no pudo seguir sosteniendo la suya, luego de mi sonrisa picara.

Dio la vuelta al bar y regresó. Se sentó en un lugar estratégico donde podía mirarme, mientras yo, segura de su mirada buscándome y encontrándome, bailaba y seguía bailando, para que me encontrara aun más. De vez en cuando pasaba mi mirada para rectificar que no lo había perdido, y no, seguía, me miraba, me encontraba.

“¿De dónde eres?” me dijo. “Colombia, Santa Marta”, respondí. Y a partir de ahí se desencadenó una noche de conversaciones coquetas y sugestivas. Su vida. Mi vida. Sus pasiones. Mis pasiones. Vas o vienes. Lo primero que vi cuando entre fuiste tú y no podía dejarte pasar. Sí, me di cuenta, también te vi. Tienes una  energía impresionante. Tienes unos ojos impresionantes. Bailas bien. Tu no. Lo sé, sentémonos, ¿algo para tomar?. No gracias, estoy bien. Te pedí un mojito. Es mi favorito, pero no quiero. Ya te lo pedí. ¿Gracias? ¿Un beso?. No, no seas loco. Pero me gustas. Sí, todos dicen lo mismo. No, pero es enserio: el pelo rojo, las pecas, como bailas, la risa, eres sexy. Ay ya cállate. Es de verdad. Ya lo han dicho antes, ya no creo. Dame un beso. Que no, gánatelo. Eres perfecta para mí. Cállate. Déjame hablar, siento lo que digo. No, cállate. ¿Enserio escribes?. ¿Cuánto tiempo vas a estar aquí? Oh perdona él es mi amigo y eso que está diciendo que dije que eras la más bella de todas, es cierto. Ella es mi amiga y le gusta tu amigo, deberían besarse. Dame un beso tu mejor. Bueno, uno corto. Buen beso. Buen beso, es cierto. Dame más. Bueno. Más besos. Ricos besos. Deliciosos besos. No podemos parar. Más y más besos. Los mejores besos. Cállate. Pasión. Eres perfecta, de verdad. Cállate, ya te bese. Deja de callarme. No.

No te vayas. No me voy a revolcar contigo. Tranquila. Estoy tranquila, pero no. No va a pasar nada que tú no quieras. Ay cállate. Quisiera, pero me gustas así. ¿Tienes el mismo discurso para todas? Claro que no. Claro que sí. Dame tu teléfono. ¿Para qué? Tu mail también. No lo vas a usar. Una mujer así no la puedo dejar pasar. Ay, ¿más?, cállate. Eres diferente. Cállate más.

Me fui. Me subí al carro. Este hombre me revolvió las pasiones. Me dijo que era la mujer perfecta. ¿Le creíste? No. ¿Segura? No. Pero me revolvió las pasiones, como nadie. Y lo amo. ¿Lo amas? Lo amo. ¿En un día? En un día lo amé. Loca. Si. Nadie ama en un día. Yo sí, créeme. O sea que le creíste. Ni una sola palabra. ¿Entonces? Entonces, lo amo. ¿Pero y si no le creíste? Seguro les dice eso a todas. Seguro. Pero me miraba con pasión y afán de perderme. Ay cállate. Cierto, debo callarme.

Al día siguiente me descubro todo el día esperando su llamada. La misma historia de siempre: El. Yo. Eres Perfecta. No le creo. Le creo…

Y Aunque este vez fue diferente. De verdad y profundo. Porque hay amores eternos que duran un solo día. Mágicos y sinceros. Reales y definitivos. Fugaces, felices y afanados…

Lo que pasa es que en el fondo, siempre creemos y queremos creer; porque los amores en el fondo siempre quieren creer para llegar a convertirse en amores reales, de novelas.

Por: @princesasamaria

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