Libros y Letras ¡Ay, Festival!

Pienso que cualquier oportunidad que se tenga para promover la cultura en Colombia es buena y más en este país que tanto lo necesita, pues hay más noticias de corrupción y asesinatos, que de cultura, por eso el Hay Festival es algo realmente maravilloso, no sólo para Cartagena de Indias, sino para todo el país.
Reunir a tantos y tantos escritores, periodistas, críticos, columnistas y comentarista no es nada fácil y menos cuando hay que tejer un enorme entramado de tiquetes aéreos, reservaciones en los hoteles, contratar guías, proponer una agenda para los medios y preparar la apretada programación de charlas.
Son realmente magos quienes han decidido hacer un evento de esta magnitud que poco a poco, en el caso de Cartagena de Indias, se ha ido consolidando y ha puesto al “Corralito de Piedra” en uno de los lugares más importantes del desarrollo cultural de América Latina. Y eso nos produce una enorme satisfacción, que no sólo sean las noticias de las sobrefacturaciones, las actuaciones preocupantes de los mal llamados “padres de la patria” sino este encuentro de la alegría, del optimismo, de la creación, de las letras y las metáforas.
Pero también y permítanmelo, por favor, hacer una respetuosa crítica: este Festival es realmente excepcional, pero creo que es un tanto discriminatorio, pues quienes pueden realmente asistir, son los que tienen alguna considerable cifra en una cuenta bancaria. ¡Ah! Y faltaba el desplazamiento, no es que no se pueda tomar un bus. Claro que se puede, pero hasta de pronto nos perdemos o nos demoramos de un punto a otro y perdemos la deliciosa opción de ahorrar tiempo, por eso debemos optar por el taxi y así cojamos uno entre dos o tres amigos, la cifra continúa en aumento. Y más cuando debemos ir de la casa al aeropuerto de la ciudad de donde vayamos y del de Cartagena de Indias al hotel y viceversa. Es decir, para ir al Hay Festival, debemos hacernos amigos de Jean Claude Bessudo y del señor Efromovich para lograr algún descuento en algún hotel y en el maletero de uno de los aviones colorados.
De todas formas, ¡tenemos Festival! ¡hay Festival! ¡y eso es lo importante! Que la vida sea un festival constante de alegría, que los libros nos ayuden a tener todos los días un nuevo y mejor amanecer y que nos ayuden a conciliar el sueño leyendo a Marai, a Sweig, a Eugenia Almeida, a Stieg Larsson, a P.D. James, a Constaín, a todos los que nos permiten volar gratis a cualquier rincón de la imaginación.
P.D.: quiero hacer una recomendación bibliográfica Mar de sangre del médico Arturo Aparicio (Ediciones B). Jamás se habló con tanta claridad, como hasta ahora lo hace este historiador, sobre las barbaridades de los ingleses en Cartagena de Indias. Qué libro tan maravilloso.

Por: Jorge Consuegra

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