Plan de Desarrollo para el fútbol

Los periodistas incurrimos con frecuencia en las críticas y pocas veces nos ocupamos de dar luces sobre posibles soluciones. Lo que le ha ocurrido a la Selección de Lara es suficientemente conocido. Lara salió a decir que el equipo necesita una reingeniería para afrontar al Mundial. Tal vez tenga razón, pero se queda corto. La Selección, en todas sus divisiones, necesita con urgencia una especie de Plan de Desarrollo.

Un documento serio, en el que participen expertos en la materia y ojalá sin mayores intereses, salvo el beneficio del fútbol. Se trata de un plan que plantee diagnósticos y vislumbre soluciones, a través de métodos viables y posibles.

Debe haber una meta a largo plazo, que puede ser apuntar a que el fútbol haga parte una vez más de la elite mundial, como el regreso a los mundiales de fútbol o ganar una Copa América.

Pero el resultado en sí implica cambios profundos. Directivos con visión empresarial. No de aquellos que buscan jugadores en el Chocó, los traen a un equipo grande, los hacinan en una casa-hotel y muy poco les enseñan, para que gracias a su ignorancia no estén alertas a reclamar sus derechos como la salud y las prestaciones sociales que cualquier trabajador requiere.

El directivo debe saber cuántos jugadores exportan Brasil y Argentina, cómo se desarrolla esa “fábrica” de futbolistas y cuáles son las razones de su éxito en tierras europeas.

Si España, una cultura tan cercana a la nuestra, exhibe el título mundial y tiene el mejor equipo de todos los tiempos, ¿por qué no aprender de la sabiduría de Del Bosque o de Guardiola? No se trata de ir de turismo por España, sino de aprender día y noche y consignar en un documento ordenado y claro lo que podríamos aplicar.

En las participaciones de Colombia, la disculpa más desgastada es aquella de que se tiene la posesión de la pelota, pero no hay quién convierta los goles. Pues hay que buscar a los goleadores. ¿Cuál es la región o ciudad que más los produce? Debe haber una meta que diga, el fútbol colombiano ha de producir al año equis número de goleadores. En los años 70 había laterales de sobra, y ya no. Pues hay que producirlos. En síntesis, debe haber un estudio profundo de las zonas del país que producen jugadores y una vez detectados, llevarlos al profesionalismo y a la Selección.

¿Cómo manejar el éxito? ¿Cómo afrontar a los periodistas, buenos amigos en los triunfos e inclementes en las derrotas? El plan ha de concebir caminos para que el futbolista no termine abrumado por las enormes cifras que les pintan los empresarios. También es deber mejorar el nivel de escolaridad de los jugadores. Pedro Franco, el más destacado del equipo, terminó bachillerato y comenzó carrera universitaria. El mito de que solo los vagos son buenos futbolistas debe ser revaluado.

Cómo se maneja la base, ha de ser otra de las preocupaciones. Cómo aprende el jugador. Qué aprende. Quién le enseña y cómo enseña. ¿No será que a los niños de hoy se les envía a la cancha con cualquier cantidad de teorías sobre táctica y estrategia, sin que se le haya enseñado a controlar y a golpear el balón?

Colombia tendrá que definir un patrón de juego sin perder su identidad, pero sabiendo lo que se practica en el fútbol de avanzada. Tiene que haber un camino que se diseñe y permanezca en el tiempo. La Selección no es de Medellín, ni de la Costa Atlántica, ni de Bogotá. Ha de ser de todos y para todos.

Uno podría llenar páginas y páginas con ideas como estas o mejores. La propuesta de un Plan plantea la posibilidad de diseñar caminos claros a corto, mediano y largo plazo. El dirigente no puede seguir pensando en obtener beneficios a la vuelta de la esquina, y el jugador no puede desvelarse inventando coreografías de celebraciones sin primero saber cómo anotar.

Colombia tiene materia prima y pese a las adversidades de los últimos tiempos, los hinchas siguen ahí, con la esperanza de tiempos mejores. Pero la gente que dirige y está metida en este negocio debe trazar una línea que le devuelva al fútbol colombiano los maravillosos años 90 y lo impulse a más altos estándares. ¿Querrán hacerlo? ¿O es mucho pedir?

Por Gabriel Romero Campos

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