Descompensado

Siempre será más fácil ganar apoyado en su propia filosofía de juego que traicionando el estilo en aras de un resultado. Eso lo cumplió Barcelona con creces y lo incumplió Arsenal sin justificación. Es cierto que cuando cualquier equipo del planeta se enfrenta a esa máquina de talento, técnica, precisión y fútbol, debe tomar precauciones. Sin embargo, el equipo inglés renunció a la pelota preservando el espacio, pero metiéndose muy atrás en una señal de cobardía táctica muy extraña en los códigos futbolísticos del entrenador francés Arsène Wenger. En una fase de octavos de final de la Champions League no puede existir semejante diferencia en todos los sectores.  Barcelona fue el dueño del balón con largas sesiones de toque y arte durante el 67 por ciento del cotejo. En el 33 por ciento en el que el esférico pasó por lo pies de los visitantes no se observaron frecuencias superiores a tres pases. Eso más la impotencia de mitad hacia arriba, habló del exceso de respeto de los ingleses por lo españoles. Fue muy evidente el complejo del poderoso Arsenal por su aquilatado opositor.

Tenencia con paciencia

El principio de tenencia del balón con paciencia, se fue extendiendo en el decurso del primer tiempo, pese a la necesidad de goles por el 1-2 de la ida en el estadio  Emirates de Londres. Barcelona sabe que en cualquier momento el arco se abre como consecuencia de una jugada colectiva o por la inspiración de unos de sus expositores. Después de múltiples aproximaciones a gol, de darle la vuelta a la jugada, de tocar con desmarcación, de generar distracción en corto para hacer pases largos, de marear al rival con la posesión, llegó el gol cuando el minutero hacía su último giro. Andrés Iniesta metió un pase entre los centrales y Lionel Messi aterrizó en el momento justo presionado por la salida del arquero Almunia. El pie izquierdo del rosarino entró tan fino al esférico que se dibujó una pequeña parábola en el aire para asegurar con un toque protocolario el viaje del útil de juego al fondo de la portería. Fue un gol fruto de la precisión del ‘cerebro’ Iniesta en la asistencia y de la maestría del mejor jugador del mundo en la definición.

3-1 escaso

La convicción por la victoria catalana ni siquiera se apagó con el autogol de Sergio Busquets que en el intento de rechazar el tiro de esquina del francés Samir Nasry, metió el balón a la puerta de su compañero Víctor Valdés. Tal vez, en ese instante pensó como volante y no como zaguero central, posición en la que tuvo que reemplazar a Gerad Piqué. Ese empate parcial ponía otra vez a Arsenal en cuartos de final, pero por el trámite de juego, en se sentía la llegada de más goles del local. La expulsión de Van Persie influyó en la caída libre de los ‘artilleros’ de Wenger, pero el árbitro suizo Bussaca no admite cuestionamientos -como lo hizo la prensa inglesa- por aplicar la regla 12 en la que se consagra como factor de reincidencia golpear el balón después de la sanción de un fuera de lugar. El delantero holandés estaba amonestado y simuló -como lo había hecho en Johannesburgo en el partido del Mundial contra Dinamarca-, no haber escuchado el silbato. Lo cierto es que el recital de los culés alentados por 98 mil fanáticos en el Camp Nou prosiguió hasta llegar al segundo tanto, luego de una jugada perfecta entre Pedro Rodríguez, David Silva y Xavi Hernández quien se vistió de goleador para poner el 2-1.

El gol. Para decorar el resultado, Lionel Messi transformó en gol la pena máxima cometida al tinerfeño Rodríguez para un 3-1 claro, pero escaso por las 19 opciones de gol del mejor equipo del siglo XXI al que difícilmente se le detendrá en la búsqueda de la orejona más codiciada.

Por: Dario Angel Rodríaguez

  Share: