¡Día del hombre!


Tomada de Taringa
By Taringa

Me tomo por asalto la vocería del macho alfa para recordarles a las viejas que hoy 19 de marzo, día de san Abdías y de san José, es dizque día del hombre. Se pueden lucir con nosotros.  Nos dejaremos atender, mimar, comer, zarandear. (Aunque me temo que nos tendremos que dar piquitos de felicitación nosotros mismos porque pocón de movimiento en la cocina para celebrar que existimos. ¡Ingratonas!).

Del hombre, el imperturbable  “bobo sapiens”,  se dice que está en obra negra, que no está inventado del todo como los celulares, que la lealtad no es su fuerte, que lo llaman a ser infiel y está “regando al escondido otras flores”, que no da puntada sin dedal. (Va uno a ver…).

Nos gradúan de egoístas. Critican nuestra desteñida participación en las faenas domésticas. Y eso que les “permitimos” que ejerzan la liberación femenina desgastándose como ejecutivas exitosas y amas de casa. El varón domado jamás será capaz de rendir en ambos oficios.

Cocinar no es nuestro fuerte. Escasamente sabemos fritar un huevo.

Más cargos: vivimos más en el bar o frecuentando catre ajeno, que pendientes de casita o del colegio de la prole-mática. En imposible defensa nuestra, alegamos que no nos enseñaron a ser padres, una asignatura que debería ser obligatoria desde parvulario.

Tal vez por todo esto pasa inadvertido el día del hombre. Es como si pasara una tractomula.

Antes había que asimilar como únicos días del hombre, el del padre y el del cumpleaños. Esos días, a pesar de todo, seguimos siendo los fugaces reyes de la creación.

Lástima lo que sucede al día siguiente de cada uno de estos días. Viene la destorcida. Cancelada la celebración, volvemos a la realidad, a  ser  ilustres don nadie, la que el gato no tapó, suscriptores anónimos del directorio telefónico. N.N. con pasaporte de ninguna parte. Constituyentes y contribuyentes muy primarios.
Volvemos a ser un mandadero más. Prosaicos proveedores de quincenas.  El que saca el perro a alzar la patica al parque para que deje cifrados mensajes de amor. Retomamos el ecológico destino de sacar la basura. Volvemos a decir con el pusilánime  Eneas, el de la tira cómica: “No salgo de debajo de la cama porque en esta casa mando yo”. O repetimos la retahíla del oprimido que tiene la casa por cárcel: “Aquí se hace lo que yo obedezco”.

Mientras los comerciantes hacen cuentas tristes porque  la registradora no sonó al contrario de lo que sucede el día de “ellas”,  los arrumacos que nos hicieron son carne de alzhéimer, polvo de  olvido. Nostalgia. “Palabras, palabras, palabras”.

Medias de rayas y calzoncillos nuevos, matapasiones, como de preso, regalos del día del padre o del cumpleaños,  se mecen altaneros en nuestro clóset, engordando polillas.

Sin ninguna contemplación, volvemos a conjugar verbos antes considerados de rancia estirpe femenina como lavar, planchar, barrer.

Nada de poner únicamente la música que nos  gusta. Dejamos de tener la razón en todo.

Poco dura ese cuarto de hora en que podemos dejar ropa interior y medias regadas por toda la casa. O hacer pipí con regadera, sin levantar la tapa del inodoro. La presa más grande del almuerzo ya no será para el ex adorado que regresa a la llanura. El mando a distancia que define quién manda a quién, vuelve a su legítima dueña.

Resumamos: no es fácil este retorno a la normalidad después de que el sol giró  24 horas alrededor nuestro (Ahora, nunca es tarde para el hombre: si las féminas quieren desmentir estas “denuncias” tienen todo el tiempo para consentirnos. Pueden empezar).

Los nuevos sanjosés

Los maridos de mujeres importantes son la versión moderna de San José, y todos los 19 de marzo celebran el día de su santo y calumniado patrono, de quien cierta implacable oposición asegura que era muy buena persona pero mal carpintero.

Con humildad agustiniana, José alcahuetió el protagonismo de María, su mujer, de cuya biografía vivió los últimos años. Si hubiera querido,  no habría tenido que fabricar un reclinatorio ni una cama más. En cualquier tienda le fiaban. Pero nunca le jaló al tráfico de influencias. Ni al de indulgencias.

Primer feminista no suficientemente reconocido que recuerde la historia, José jamás le ocultó el sol a su mujer.

Para sacudirse del estrés – entonces simplemente llamado cansancio o fatiga-  que le generaba la importancia de su “dulce enemiga”, desde un principio se asiló en el noble destino de la carpintería.

Los  sanjosés de hoy prefieren el baño turco donde, escocés en mano,  esperan que llegue la quincena… de  sus mujeres que coleccionan úlceras, insomnios  y ojeras ejerciendo el poder.

Estos sufridos esposos despotrican en el sauna del poder que les “incautó” a sus ex bellas durmientes, pero se reconcilian cuando consultan el saldo bancario.

Al amparo del pionero José, en el  mundo crece la audiencia de maridos arrumados en el gueto de la cocina, o destinados a faenas domésticas de menor cuantía como la lavada de la loza, mientras sus mujeres se adueñan del poder siguiendo el libreto que les escribió el Nobel de Aracataca quien dijo para la posteridad”. “Las mujeres deberían gobernar el mundo”.

Y así lo vienen haciendo con lujo de competencia en numerosos países. Llegará el momento en que, por accidente, los hombres accederán a la presidencia.

Pese al ejemplo recibido del santo patrono, el “bobo sapiens” de internet no estaba suficientemente preparado para pasar al clóset.  Pero ha ido aprendiendo con sorprendente facilidad. No hacer nada tampoco demanda mayor inteligencia.

A todas estas, ellas  siguen perdiendo porque nunca renunciaron del todo a sus deberes caseros. Repican desde las tareas de responsabilidad y andan  en la procesión con un estado físico que les envidiaría un atleta del decatlón.

No está lejano el día en que se cree el “Sindicato único de maridos de mujeres importantes” para asumir en forma las modernas responsabilidades. Eso sí, perfeccionistas a morir, estiman que es mucho lo que hay que aprender para disfrutar del nuevo estatus. Porque la liberación masculina va para largo. Los hombres estamos listos para el sacrificio.

La literatura disponible no es muy extensa pero los hombres que viven las circunstancias aquí descritas, se quitan el sombrero ante conspicuos colegas como el inglés Denis Tatcher quien durante muchos años fue el discreto San José de la Dama de Hierro inglesa, Margaret Tatcher. Whisky y golf en mano, dos grandes inventos escoceses, Mr. Tatcher vivió con altura y particular estoicismo a la sombra de su trabajadora mujer.

Las miradas apuntan también al Príncipe Felipe, esposo de la Reina Isabel, quien solo de vez en cuando sale del silencio de su cartuja de oro londinense para meter las de caminar. Actúa así cuando siente la necesidad de notificar que existe, de que lo tengan en cuenta.  Después de marcar territorio como los gatos, vuelve a su anonimato de oro.

En definitiva, los sanjosés modernos, amanuenses del bajo perfil,  sólo esperan de sus mujeres-ejecutivas que respeten el derecho al anonimato de sus cónyuges, “dueños perpetuos de sus quincenas” –la frase es tomada de una vieja revista de peluquería- , así como ellos respetaron el de ellas mientras detentaron el poder.

Por Fray Augusto
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