Elogio de los tenderos

Son los verdaderos inventores de la famosa trinidad laboral: trabajar, trabajar y trabajar. La culpa la tiene aquella  divisa que le acomodó nadie sabe quién y que se convirtió en axioma de alta mercadotecnica: el que tenga tienda que la atienda y si no que la venda.

La tienda es el DANE certero de la cuadra.  Antes de que se pronuncien las elásticas y sospechosas estadísticas oficiales, los tenderos saben cuánto se ha postrado el peso ante esa gorda de Botero de la economía que es la inflación.

Es un servicio público como el agua, la luz, el amor, el teléfono, la información, la paz. Dime qué tendero tienes y te diré en qué barrio vives. Ser tendero es un honor que cuesta. Lo sabe FENALCO que los mima y consiente los 19 de agosto.

Un tendero les madruga a los gallos y se acuesta seis horas después que las gallinas. Por eso mantiene sus ojos en la trastienda. El deber los obliga también sábados, domingos y fiestas de guardar. ¿Vacaciones? ¿Y eso con qué se come? ¿Seguro Social? ¡Ya voy Toño!

Con este agravante: cuando sus clientes –arribistas- los ven en la calle, cambian de acera. Sólo los conocen detrás del mostrador.

El tendero como el barman –lo sabemos por la película Casablanca- hace las veces de siquiatra o doctora corazón de su cliente. Todo por el mismo sueldo.

Son los primeros en enterarse de la última virginidad embolatada y saben con meses de anticipación que fulanita de tal viajó a Usa a hacerse operar de un rumor de varios meses.

Los tenderos son la memoria de las ciudades. Un archivo que camina. Hacen las veces de biógrafos oficiales de los barrios.

No sólo de pan vive el hombre sino de lo que venden los tenderos. Son la sal de la cuadra en su babel de artículos de primera  necesidad.

Los tenderos coinciden en los precios y en los avisos para espantar clientes  avivatos: “Hoy no fío, mañana sí”; “El que fía se fue a cobrar”; “No fío porque pierdo el producto y pierdo el cliente”.

Otros piden la cédula de ciudadanía de la tatarabuela. Pero tienen corazón de merengue y si el vecino equis está con el almuerzo embolatado, mandan a la porra estas amenazas. Su oficio tiene muchísimo de apostolado.

La prohibición de  “No siga sin ser invitado”, es apenas una restricción para los clientes de media petaca. Los amigotes saben que para ellos no reza. Se cuentan con los dedos de la mano los que tienen ingreso a este sancta sanctorum que es la parte de atrás.

En algún rincón del plante, en jurisdicción de las telarañas, cuelga el impajaritablealmanaque con modelos húerfanas de ropa para alebrestar la libido de la clientela masculina. Que no falte la imagen del santo de sus entretelas para hacerle tráfico de influencias.

Hay tiendas que son santuarios para despotricar del prójimo. Otras tienen piano o rocola incorporados. Le venden al cliente su artículo de primera necesidad y le enciman una nostalgia musical.  Todo rociado con buscapleitos licor oficial.

El estrés del tendero lo produce el cliente moroso. Un tendero debería  ir al cielo sin pasar por el mar Caribe del Purgatorio.

Los hay que viven a media caña y se dan ciertas licencias  etílicas nocturnas con algún marido prófugo. El mismo tendero no puede fugarse de casa porque su casa es su tienda. Algo así como dormir con la oposición. Tienen su negocio por cárcel

Cambian billetes, enciman consejos, arreglan matrimonios. Sirven  hasta para remedio cuando el farmaceuta está de vacaciones. Deberíamos tener alma de tenderos, un oficio desgastador, desagradecido y mal pago como el de ama de casa.

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3 comments

Muy buen articulo, pero a los tenderos no solo los consiente Fenalco, sino tambien con mayor dedicacion UNDECO.
Les hace falta un banco que atienda sus necesidades, a bajos intereses y con recursos de la banca internacional. Esto crea empleo. Que viva UNDECOBANK.

Muy acertado, lamentablemente por cuenta de los industriales que no ven en ellos el motivo de sus grandes fortunas, solo les dejan las migajas y nadie los defiende, entre mas famosa la marca, menos margen les deja, el afan de dinero es su etica para acabarlos, solo les interesan los mas pequeños, porque los grandes ya los dominan. Si vieran que es su salida darles mejores margenes, se quitarían el yugo de las multinacionales y grandes superficies, pero la proteccion del estado a los extranjeros nos hace cada dia mas pobres, tanto de espiritu como economicamente hablando.

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