Gremios & Gobierno: decadencia e innovación

Bogotá , Marzo 17_RAM_.. Tampoco pareció agradarle al Presidente de la Andi la noticia según la cual Colombia después de una década  recuperó el grado de inversión, en virtud de la calificación de  la agencia Standard and Poor`s.

Tan pronto la evaluadora de riesgo anunció que el país alcanza hoy una calificación de la deuda de largo de BB+ a BBB- y la de corto plazo de B a A3, visualizando para el país un panorama estable, el dirigente gremial acudió a los medios de comunicación para profetizar la agudización del fenómeno revaluacionista en virtud de potenciales inversiones y expresar una preocupación apocalíptica sobre las consecuencias que traerá según él, el flujo de capitales extranjeros hacia Colombia, el cual estará motivado por el mayor nivel de seguridad otorgado.

Se le percibe incomodo al Dr. Villegas frente al nuevo estilo de gestión de gobierno. No fue de buen recibo para él la decisión oficial sobre salario mínimo  orientada a darle sostenibilidad al poder adquisitivo de los colombianos más pobres. Le desagrado la actuación del Vicepresidente Garzón al propiciar la concertación entre pequeños transportistas y el gobierno. Se salió de casillas cuando el presidente Juan Manuel Santos ordeno retirar la propuesta de elevar a 65 años la edad de pensión, formulada en el Plan Nacional de Desarrollo.

Esta calificación, la cual, según el analista de S&P, Joydeep Mukherji, refleja el consenso en Colombia en materia de políticas económicas orientadas al mercado, que han contribuido al crecimiento y la mayor confianza de los inversionistas, es ahora el motivo de su  nueva reacción  para sobreponerse diciendo que se requieren  políticas de control al mercado de capitales sin profundizar en una propuesta específica y concreta pues ahora su protagonismo parece tener  otra razón.

Esta razón parece nacer en una inconformidad ideológica nacida de un cambio de estilo, o mejor de un cambio de modelo. En la Década pasada-y ya son varias décadas con él en ese cargo-  Villegas Echeverri  se desempeño bajo el imperio de un modelo de gobierno corporativo caracterizado por grandes conglomerados, grupos de poder activos, terratenientes, donde su principal vocero y validador de las decisiones oficiales es el gremio, y no el gobierno y el interés colectivo. De esta manera el soberano alcanzaba un  crecimiento de su poderío político y económico soportado en el respaldo de los grupos de presión, mientras que sus miembros lograban poseer una propiedad más concentrada de la riqueza nacional.

En contraste, el Presidente –quien manda hoy- ha puesto de presente que el grado de inversión es como un certificado de buena conducta en materia económica,  que en la práctica, lo que hace es permitirles a muchas empresas o fondos, por ejemplo de pensionados, o instituciones públicas que tienen cuantiosísimos recursos, invertir, encontrar nuevas opciones para sus portafolios. Es bueno ponerse del lado de esa visión optimista de la calificación, corroborada por el Ministro de Hacienda Juan Carlos Echeverri quien recordó que el Gobierno Santos desarrolló un plan fiscal de estabilidad macroeconómica y ha respondido con un plan sostenible.

La propia encuesta  de la Andi está mandando un mensaje distinto cuando dice que El optimismo de los empresarios subió debido a que en enero la producción se elevó 6.1% y las ventas totales se incrementaron 4.8% frente a igual mes del 2010.  Está claro que en virtud de las nuevas relaciones internacionales, como lo reconoce la misma encuesta de opinión empresarial muchas empresas están incursionando en nuevos mercados con ventas efectivas o pedidos en curso-  reportados por regiones de América Latina, Centro América y la Unión Europea, resultados que no se lograron bajo el gobierno corporativo del pasado y del cual Villegas fue un entusiasta promotor.

Resulta entonces oportuno decir entonces que la dirigencia gremial necesita reinventarse, innovarse, abandonar sus viejos esquemas, sus pretensiones de cogobernar e influir a favor de intereses de grupo. La clase empresarial debe comprender ahora que hay momentos de cambiar la tripulación pues esta no solo puede estar cansada sino gastada y agotada, sin capacidad para asimilar los nuevos tiempos, los nuevos modelos de gestión.

 

Por Marcos Jara

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