¿Se escogen los amores?

Desde que me conoció dijo que escogía mal a mis amores. Solo me miró y lo supo, luego me conoció y lo confirmó, dice. Nunca me explicó qué quería decir, ni cómo lo detectó tan rápido, ni mucho menos me enseñó la táctica para escoger mejor a mis amores, solo lo dijo. Sin embargo, nunca lo contra-argumenté pero tampoco encontré del todo acertada su reflexión. Pensándolo bien; fue una cosa que nunca analicé hasta hoy, que no viene al caso porque no tengo ningún amor acertado o desacertado.

Yo no sé si la gente camina por las calles y escoge los amores; “Este sí”, “este no”, “este para llevar por favor”, “me lo mido a ver si me queda bien, sí, sí, empáquemelo”. Es que hay que ver que algunos nacieron con estrella, como esos, a otros nos toca con más esmero.

A mí en cambio me toca quedarme sin respiración desde el primer momento que lo veo y lo único que atino a decir es una incongruencia y luego me toca quedar a la expectativa (negativa siempre) de si lo volveré a ver. No, no es tan fácil.

Debe ser por eso que no los escojo bien. Mis hormonas lo escogen y yo solo soy una víctima. No es mi cabeza y su meticulosidad que se toman su tiempo, analizan pros, contras, tiempo, distancia, pasado, futuro, amor, resultado. No, son las hormonas, la piel, las sensaciones, la pasión, el deseo, la irrealidad, las que me empujan y cuando voy a darme cuenta, ya estoy de cabeza en una elección tomada por mi yo pasional.

Luego sí, cuando ya uno tiene abrazada su elección y no la puede soltar y la mira y la contempla y la disfruta y… y… se da cuenta que no era la mejor elección y empieza a doler y duele, duele de verdad, pienso en mi amigo. ¿Será que tiene razón y no sé escoger a mis amores? ¿Será mejor haberme quedado con él que estaba ahí, con él que siempre estuvo ahí, enamorado y entregado, dispuesto a todo, esperando?

Pero nada que hacer. A mí no me pasan esas cosas de la gente normal. A mí no me pasa que yo lo escojo según lo que más me convenga o la mejor opción. Mi mente no es así y mucho menos mi cuerpo.

Mi cuerpo desea desenfrenadamente y sin límite y al mismo tiempo puede no desear, en lo absoluto. Es caprichoso como yo, pero contra eso no hay batalla que dar.  No hay esfuerzo que valga. Lo mismo con el corazón; o late y se vuelve loco o se queda muy cómodo con su mismo latir amistoso y tranquilo. Y así pasa con mis ojos y con mis sonrisas y con mis caricias ni hablar.

Así que las señales son claras en mí: embrutecimiento instantáneo, pasiones arrabaleras, miedos constantes y ternura excesiva. Nada que pueda controlar.

Ya más allá si me conviene o no, si es mejor o peor, si va o viene o ya se fue, si es guapo o si me va a corresponder no es cosa mía. Eso lo descubro en el momento en que me doy cuenta, una vez más, que no era el amor y  que definitivamente no soy yo la que no sabe escoger mis amores, es mi cuerpo, es mi inconsciente.

¿Acaso él (mi amigo) si sabe escoger sus amores? ¡Que me enseñe, perro!

Por: @princesasamaria

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