Facebook: entre dos realidades

Llegar al paradero de un buscado narcotraficante, anunciar en tiempo real el momento de un suicidio, o ser juzgado por amenazar al hijo de un presidente son algunas de las historias que en años anteriores las agencias de inteligencia e investigación demoraban encontrar. Redes sociales como Facebook ha permitido llegar a éste y otro tipo de revelaciones en cuestión de minutos o segundos.

A la modelo colombiana Juliana Sossa Toro, novia del presunto narcotraficante mexicano José Jorge Balderas, alias ‘El JJ’, perseguido por delitos relacionados con el crimen organizado e intento de asesinato en 2010 en contra del futbolista paraguayo Salvador Cabañas, no percató el alcance que podían tener las redes sociales. En su perfil de Facebook publicó el lugar de su residencia, lo cual facilitó la tarea de las autoridades mexicanas para capturarlos. Por ingenuidad o desconocimiento la mujer tal vez nunca pensó que estarían detrás de las rejas.

Algo distinto sucedió con los contactos de Simone Back, quienes no tomaron muy en serio el mensaje que esta británica de 42 años escribió en su muro antes de suicidarse: “Me tomé todas mis pastillas. Moriré pronto. Chao, chao a todos”. Algunos de sus amigos la trataron de mentirosa o no precavieron la real intención de esta persona.

Desde el momento en que la comunidad comenzó a adoptar las herramientas web 2.0 en la vida cotidiana, la información presentó cambios estructurales en el acceso de la población y la agilidad para obtenerla desde numerosas fuentes. Casi sin duda es una de las acciones más democráticas de estos tiempos. Sin embargo, esta misma facilidad pudiera ser un arma de doble filo si se subestiman las consecuencias de los mensajes que se comparten o se anuncian.

Así son las nuevas herramientas que proporcionan las tecnologías de la información con sus dinámicas, pros y contras. Pero sí hay que tener un especial cuidado y pensar en cómo se divulga la información desde los blogs, Twitter, Facebbok, ya que el mundo parece hacerse más pequeño dado el modo en que las personas se comunican. El espacio virtual cumple entonces una máxima del mundo físico: se es responsable por los actos que se cometen y también por lo que se dice.

Aunque a veces es difícil creer que desde Facebook alguien puede arruinar su vida por un simple mensaje, cabe recordar que en Colombia ya se presentó el primer caso de enjuiciamiento por instigaciones desde Internet. La pregunta es la  parcialidad con la que se juzga este tipo de ‘crímenes’ cibernéticos.

Nicolás Castro, estudiante de Bellas Artes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano en Bogotá, en 2009 fue judicializado y encarcelado por más de cuatro meses y acusado de delito de instigación por la supuesta creación del grupo en Facebook llamado “Me comprometo a matar a Jerónimo Alberto Uribe, hijo del ex presiente Álvaro Uribe”. La Fiscalía General de la Nación tiempo después lo absolvió debido a que las pruebas que lo mantenían como el creador del mismo no cumplieron con los trámites exigidos para dar validez a su acusación.

En Colombia éste fue el primer caso de castigo que se presentó por amenaza virtual, a pesar de que previamente ya habían sido amenazados otros funcionarios del Gobierno sin ninguna respuesta o acción por parte de las autoridades.

Facebook como celebración de su reciente cifra de 500 millones de usuarios registrados estrenó un espacio dentro de su plataforma para que los usuarios cuenten historias que los hayan marcado en la red social. Estar en pleno desarrollo de la era digital supone ventajas de las cuales se pueden sacar provecho pero también exige una atención especial de quienes constantemente publican contenido en la red o piensan que es un simple juego.

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Por: Diego Bolivar

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