Un periodismo que vale y…que muere

Bogotá, Abril 14_RAM_...Un día estábamos en la revista Vea esperando los últimos toques del cierre semanal, cuando alguien nos llamó, sin identificarse, y nos dijo que a Osvaldo Gómez Gómez lo habían visto caminando sin norte por los lados de Popayán. La noticia nos dejó con una mezcla extraña de alegría y dolor. De alegría, porque ¡por fin! sabíamos de él y de dolor, porque ya llevaba cuarenta y cinco días sin saber absolutamente nada de él y teníamos la certeza de lo habían “desaparecido”…

Tratamos de comunicarnos con las autoridades caucanas, pero la respuesta fue siempre la misma: “No sabemos nada de su paradero”. Y desde entonces, de Osvaldo jamás volvimos a saber nada.

A Roberto Camacho Prada lo asesinaron en Leticia y de inmediato el Gobierno dio la orden de iniciar la investigación hasta las últimas consecuencias- léase “exhaustivas”-, pero hasta hoy nada ha sucedido.

Y así un rosario interminable de asesinatos que, aunque no lo crean, la cifra ya sobrepasa fácilmente los doscientos colegas. ¿Y las investigaciones?  Ahí siguen su curso en forma “exhaustiva”, como la de Orlando Sierra que aunque se les reduce el cerco a los implicados, ellos se siguen paseando por nuestras calles como si nada hubiera pasado y sin ponerle cuidado a los dedos acusadores que diariamente los señalan como autores de este infortunado crimen.

Y si sumamos el número de asesinatos con el de aquellos colegas que han tenido que huir del país asilados y exiliados, la cifra sobrepasa fácilmente los 500 en los últimos veinte años. Ligia Riveros, por ejemplo, que con el dolor del alma debió dejar a su amada Colombia porque las amenazas crecieron de tal forma que ella alcanzó a sentir el frío del cañón del arma que se iba a disparar…

Y si a esta cifra le agregamos la de los colegas censurados, despedidos y silenciados, podemos llegar sin sobresaltos al millar, cifra que, por cierto, nos debe preocupar a todos, no sólo a los mismos colegas sino al país entero.

Recuerdo que una ocasión logré entrevistar al teniente Jesús María Cortés Poveda quien le había dado muerte al primer periodista en Colombia, el 12 de Octubre de 1938. Era Eudoro Galarza Ossa quien dirigía La Voz de Caldas y recibió dos impactos mortales a manos del uniformado. Diez años después el oficial fue defendido por Jorge Eliécer Gaitán quien lo sacó libre con el argumento de que el periodista había “ofendido el uniforme militar”. Cuando lo entrevisté, cuatro décadas después, le dije que si se volvía a presentar esta situación él lo volvería a asesinar y me dijo con firmeza que sí “pues el uniforme es para respetarlo”…

Sin palabras…

Con el periodismo que hacemos, todos los días morimos un poco.

Por: Jorge Consuegra

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