Yo, Poncio Pilato

Debido al  papelón que me tocó hacer en  la muerte de Jesús  me han  dado hasta con el balde del agua.  Nadie me reconoce que me jugué la carta de Barrabás para liberar a Jesús pero los judíos no comieron cuento. También le endosé Jesús a Herodes, pero se me hizo el loco y  me lo devolvió (Lucas 23,7). De allí  nació la expresión ir de Herodes a Pilatos.

Lamento no haberle parado bolas a mi mujer que me mandó decir (Mt. 27,19) que no me metiera con “ese justo”. Dos mil años después, considero que el  mundo será mejor en la medida que les paremos bolas a los pálpitos de las mujeres. Máxime si lo sueñan.

Le hice a Jesús las preguntas que a ningún periodista se le habrían ocurrido. Ni siquiera a Oriana Fallaci:  ¿Eres tú el Rey de los judíos? ¿Qué has hecho? ¿Luego, tú eres Rey? ¿Qué es la verdad?

Todavía espero que me den las gracias por inventar un certero verbo que nadie utiliza. Me refiero a “ponciopilatiarse” las manos. Créanle a Mateo (27, 24)  que me pilló en esas. No fui el primero en lavarme las manos. Tampoco seré el último.

En esta eternidad sin reloj en la que vivo,  me cuentan que hay un jabón marca Pilato. No está mal el nombre. Pero ¿y de los derechos de autor qué?

De mí se conocen solo asuntos menores. Y no propiamente los mejores. Qué mala prensa he tenido. En mi época me defendí: al fin y al cabo solo circulaba el eco que hacía las veces de CNN.

Como pocos tienen Pilatoteca les cuento: “Escrito está” –otra feliz frase mía que utilizan sin darme el crédito- que durante diez años fui el tercer procurador de Judea. Como procurador estaba por debajo del gobernador. Pero sin pensión de jubilación de algo tenía que vivir para pagar el arriendo, las túnicas, el trago y las viejas.

Por lo Poncio, pertenecía a la gens Poncia. La gens era el “grupo compuesto de varias familias que llevaban el mismo nombre”. (Gracias, Larousse por el favor recibido que me permite posar de culto). Y en cuanto al segundo nombre (Pilato) se trata del cognomen romano y me perdonan tantos latinajos pero  todavía falta unito. El Pilato está relacionado con el término pilum que significa venablo, dardo o flecha. En mi árbol genealógico, pues, hay un belicista George W. Bush infiltrado … a mis espaldas.

No era racista, pero tampoco me gustaban los judíos, ¿qué hago? Además, no nos digamos mentiras: en mi caso, como en el de Judas, las profecías mataban  libre albedrío. Era pelea de toche con guayaba madura, de empanada contra serenatero trasnochado.

Terminado mi camello en Palestina, me di el ancho con mi familia y arrancamos para Marsella, Francia. Allí tampoco me perdonaban que sufriera de alzhéimer. Cuando en Marsella me preguntaban por Jesús yo respondía: “¿Jesús? Ni idea”. Reclamo el derecho a tener mala memoria en los sucesos incómodos. (Para ser feliz hay que tener buena salud y mala memoria, diría luego Greta Garbo).

Ahí les dejo el cuero no sin antes reconocer que ha sido tenaz el INRI  que me tocó arrastrar. (Ojo: también yo soy el autor del INRI que pusieron en la cruz. Viéndolo bien, soy más importante de lo que creía. Por eso a veces no creo ni en Poncio).

Por Fray Augusto

 

 

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