Hombre que devuelve libros

Cada año, por la feria del libro bogotana, me dan ataques de honradez y quisiera devolver algunos libros robados. Perdón, que he olvidado devolver.

Soy de los cleptómanos que pueden decir con algún ingenio: En mi biblioteca yacen los libros del dueño y de los amigos que se descuidaron.

Algunos amigos que se descuidaron suelen escribir notas al margen para desencanto de quienes por algún tas-tas del azar, heredamos sus ejemplares.

Subrayar, en cierta forma, es condicionar la lectura. Poco nos interesa lo que piensa el lector. Compramos  libros por sus autores, no por sus lectores. Por eso no más es bobada prestar libros. Un libro es tan íntimo como la ropa ídem. O como un punto aparte.

Una vez en posesión anómala de tales ejemplares, podemos decir que a caballo regalado no se le mira el diente. Lo digo por la “Obra poética”, de Borges, editado por Alianza Tres/Emecé Editores.

El dueño original se da  ínfulas poéticas y suele enmendarle la plana a nadie menos que al memorioso de Buenos Aires.  Y así, donde Borges escribió:  “… caíste como un hombre muerto”,  su atento lector le hace esta anotación: “Si se dice este verso así: ‘Caíste como cae un hombre muerto’, el número de sílabas, once, juega mejor con el ritmo que trae el soneto´”. (Se refiere a Un soldado de Lee).

Al dueño original de “El libro Negro”, de Papini, vendido por la Librería Nueva, de Medellín (incluye un viejo teléfono: 454921), le llamó la atención la nota  “Noticias del más allá”.

Estoy buscando al dueño de este estremecedor libro, no sólo para devolvérselo e invitarlo a que me invite a almorzar, sino para decirle que coincido con su afirmación de que la condenación es demasiado castigo y la salvación exagerado premio (algo que también dijo Borges).

María Isabel García, Barcelona, V/ 76, debe estar buscando  “Memorias de un amante sarnoso”, de Groucho Marx porque lo subrayó con sevicia. Destaca lo escrito por Groucho en el sentido de que escribió el libro mientras esperaba que su mujer se vistiera. “Si hubiera andado siempre desnuda, nunca habría tenido la oportunidad de escribirlo”.

Ando en busca del perdido Javier Aristizábal Villa para devolverle sus “Obras Escogidas” de C. Marx y F. Engels, Editorial Progreso, de Moscú. Me late que de las casi novecientas páginas, Aristizábal sólo aguantó hasta la 74. De ahí para adelante, ni un solo subrayado. Me lo prestó paradesanalbabetizarme en materia de marxismo. Sigo siendo marxista línea Groucho, pero se le agradece la buena intención.

¿Donde andará don Álvaro Duque Soto dueño de “Un hombre llamado jueves”, de Chesterton?

Quien se crea dueño de “Las ciudades invisibles”, de Italo Calvino, favor que no aparezca nunca. Y se aparece se fregó: hay libros que no devuelvo. Máxime ahora que lo estoy leyendo a la par con los viajes de Marco Polo, en edición de cinco mil pesitos.  “Los deseos son ya recuerdos”,  es uno de los enemil subrayados que encontré.

Claro que  muchos libros míos están prestados y embolatados. Esto es algo así como la razón de la sinrazón del coleccionista -ladrón suena feo- de libros ajenos.

Extraño  “Autobiografía de un yogui”, de Yogananda,   “Mesa de Redacción”, de Luis Tejada, “La casa de las bellas durmientes”, de Kawabata (yo no devolvería este libro, ni de fundas), “Seda”, de Baricco.

En fin, o me  devuelven mis libros, o los sapeo con nombres, apellidos y ADN.

 

Por: Fray Augusto

 

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