Los periodistas no estamos autorizados a violar la ley

Por: Gustavo Castro Caycedo

Bogotá, mayo 10_RAM_.. Esta extensa columna se ocupa hoy de varios temas candentes: Periodistas en deuda con el honor de Farid Llinás. Denuncia sobre un burdo montaje. El periodismo de la mano con la justicia. Un juez exasperado por cámaras y micrófonos. Y un mensaje: Los periodistas no tenemos patente de corso otorgada por un monarca, para echar por tierra el honor de la gente, ni hacer cuanto nos venga en gana; la ética y la responsabilidad nos obligan. ¡Seamos respetuosos, justos e imparciales!.

El periodismo de la mano con la justicia

Los tres Nule.

El periodismo colombiano, haciendo un frente común con la justicia, está cosechando frutos con los que el país soñaba. Sigue investigando y denunciando con decisión y valentía, casos de corrupción y podredumbre como la “Yidispolítica”, Agroingreso Seguro, los falsos positivos, las masacres, el escándalo del Club Militar; el infame “carrusel de la salud” con la mafia de ladrones de sus presupuestos, hasta desde el propio Ministerio de la Protección Social, por lo cual se investiga a 34 gerentes de EPS, y a otros funcionarios por recobros fraudulentos al sistema de salud. El gran robo a Bogota, que ya llevó a la cárcel al senador Iván Moreno y al tristemente célebre caso de los Nule”; las “Chuzadas” del DAS; la Zona Franca de Mosquera, etc.

Colombia vive una campaña moralizadora sin precedentes. Los medios de comunicación, el Presidente de la República, el ministro del Interior y de Justicia, (quien impuso el Estatuto Anticorrupción,)  la Fiscal, la Contralora, el Procurador General y las altas Cortes, están unidos y con el país, le dicen a los corruptos: ¡Basta ya!

Mientras algunos hacen quedar mal al gremio, las investigaciones y denuncias de otros periodistas, valientes y responsables, les ha costado la vida, el exilio, chuzadas, amenazas, y atentados. Su señalamiento y seguimiento a casos de delincuencia común, de cuello blanco y de corruptos, le dan hoy una esperanza a Colombia. Esa es la mejor contribución del periodismo a la sociedad.

Farid Llinás y su esposa Irene.

Por el injusto, denigrante e irresponsable tratamiento dado por algunos periodistas al barranquillero Farid Llinás, (pisoteando el código el ética), ellos están en deuda con su dolor y con el honor que le quitaron a este hombre que por petición de su esposa, la ciudadana española Irene Cortés Lucas, viajaron desde Málaga (España) a Colombia para vivir el carnaval “currambero”.

El 2 de Marzo del 2011, en Barranquilla, un sicario le disparó a Irene durante un asalto para robarla, mientras ella y Farid departían con unos familiares, en un sitio público de la 14. Llinás la llevó a un hospital, pero allí, murió. El 25 de Abril, el sicario apodado ‘Joaco’, aceptó los cargos y fue condenado a 23 años de prisión, su cómplice, Bryan Blanco, también confesó.

Familiares de la víctima dijeron en España que sospechaban que el crimen lo habría cometido Farid (quien vivía allí desde el 2001), y eso fue suficiente para que algunos periodistas sin ningún asomo de clemencia, lo acorralaran, lo culparan y lo condenaran, irrespetando su dolor pisotearon su honor. Se adueñaron de su vida privada basados en que era culpable del crimen, porque alguna vez estuvo detenido en España; (ignorantes de que cuando alguien ha pagado una condena, queda rehabilitado) y que lo hizo por venganza con Irene, pues ella años atrás tuvo una relación extramatrimonial. El, sin tener por qué rendirle cuentas a los reporteros, entre lágrimas, se vio forzado a abrir su vida privada: “Sí, pero yo la perdoné, éramos felices, no tenía motivo para matarla”

Ante el acoso periodístico, preguntas agresivas y acorralado por micrófonos, cámaras y gritos insolentes e indolentes de un puñado de reporteros, Farid Llinás les pidió que no lo condenaran, que respetaran el dolor que sentía por la muerte de su esposa. Pero fue en vano: convirtieron su tragedia en una especie de telenovela, en la que “el malo” fue Farid. Durante muchos días vimos cómo los informes de TV lo culpaban. El repetía: “soy inocente”; pero lo inculpaban, aún después de que el general de la Policía, Óscar Pérez, afirmó que Llinás ni fue el asesino, ni tenía antecedentes penales en Colombia.

Farid envió el cadáver de Irene a Málaga, y luego viajó él, a poner la cara, solo y abatido; llevando su dolor a cuestas y sin que quienes le quitaron la honra le devolvieran sus lágrimas, ni el buen nombre al que tenía derecho.

Este vergonzoso caso mancha a los periodistas, a quienes no nos corresponde absolver o condenar a nadie, eso es materia de los jueces y fiscales. Debe recordarse, además, que tanto la ética como la ley, obligan a rectificar.

Denuncia sobre un burdo montaje

“Testigo Directo” de Rafael Poveda, presentó dignamente un impactante caso sobre la Internet, que se convirtió en “arma mortal” contra Oscar Bonilla, un joven estudiante de Ingeniería Industrial de la Universidad de los Andes,  vilmente calumniado a través de un burdo montaje, por atrocidades que nunca cometió; su vida fue convertida en una terrible pesadilla. Por fortuna, Poveda abrió su programa para denunciar tal canallada contra Bonilla. Esta es una buena muestra de periodismo de servicio ciudadano, útil a la sociedad.

Un juez exasperado por cámaras y micrófonos

Algunos telenoticieros del martes 26 de abril, en un momento de “calor periodístico”, titularon el mismo hecho,  de manera distinta: “Un juez atacó con una toga al camarógrafo de Caracol”. ”El Juez 48 agredió a los periodistas”. “Un juez Golpeó a varios periodistas”. El periódico El Mundo, en cambio, dijo: El juez 48 de Control de Garantías, Javier García Prieto, sacó su toga de la maleta y tapó la cámara de video de uno de los reporteros asistentes”.

Revisé la grabación objetivamente, y encontré que el juez 48, acosado por los reporteros y en su derecho de no dar declaraciones, tras repetir, “por favor respeten”, se ofuscó y reaccionó sacudiendo o batiendo su toga frente a una cámara, para que no lo registrara. Así lo vio el país, pero no algunos colegas.

La calificación del hecho fue desequilibrada, pues por una “batida de tela” los reporteros se colocaron como  mártires. La solidaridad de cuerpo que pretende validar el acoso periodístico cuando la gente se abstiene de dar declaraciones, es lo que la escritora y columnista Rocío Vélez de Piedrahita, calificó en el periódico El Colombiano, “Agresividad en las entrevistas”. Por experiencia propia se que no hay tarea más difícil, con mayores presiones y responsabilidades dentro del periodismo, que la de dirigir un noticiero de televisión. Y que, aún a pesar del cuidado y la actitud responsable de un director, hay periodistas que se desbordan y eso debe ser revisado y corregido.

“Ya está claro” que la práctica convertida en fórmula de trabajo por algunos periodistas agresivos, es  acorralar a los entrevistados, arrogantemente,  blandiendo grabadoras, micrófonos y cámaras violentas, amenazantes; que persiguen con gritos e insolencia a todo tipo de personas, señalándolas o acusándolas con altanería, convertidos en jueces que exigen declaraciones, que condenan;  o que satanizan a quien quieren. Ni qué decir de la práctica de quienes editan frases e imágenes a su acomodo, dolosamente.

Si, hay quienes practicando una especie de “cacería de fieras”, impugnan y muchas veces empujan o agreden verbalmente a los entrevistados, o regañan al preguntar. Para algunos, la libertad de información se convierte en libertad de conducta y es excusa para hacer lo que les viene en gana, para atentar contra la dignidad humana, para irrespetar, para acorralar a quien desean; sean funcionarios, testigos, sospechosos, delincuentes, reos, deportistas, políticos o ciudadanos de bien a quienes les aplican el “intento de sospecha”, y a veces hasta a las propias víctimas, de la violencia, o a sus familiares.

Vale la pena anotar que el camarógrafo de Caracol TV de  esta historia, entrevistado en “La W” dijo que no pasó nada. Que el juez simplemente había pedido no grabararlo y que con su toga, lo único que quiso fue eludir la cámara.

www.verbienmagazin.com

 

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