Mi única amiga de clausura

Como monja de clausura de la era de Internet, Madre Margarita, MM, maneja celular y correo electrónico. Por pragmatismo teológico vive a un clic de  Dios y de los negocios.
Suelo llamarla cuando mayo deshoja las últimas margaritas de días para felicitarla por el día de la Madre, festividad que le celebran ruidosamente sus colegas de silencio, maitines, pobreza, castidad y obediencia.
Sor Sonrisa vive lejos “del mundanal ruido” en su convento de clausura del barrio Mesa, cerca del  bullicioso parque de Envigado, a una jaculatoria de Medellín.
Para domesticar la soberbia, suele volver al oficio de religiosa rasa. Es como si Gonzalo  Restrepo, presidente del Éxito, se diera un desestresante sabático como vendedor en el departamento de cucos.
En su monasterio concepcionista MM se dedica a rezar, rezar y rezar. En sus mínimos ocios ejerce como exitosa y estresada ejecutiva.
Tiene claro que no solo de oraciones vive el hombre. Y como la moderna clausura no riñe con los negocios, financia con tentaciones gastronómicas la “descansada vida” de cartuja de su treintena de sores. La carga laboral es altísima. Dios no paga EPS ni cotiza para pensiones.
La galguería estrella la constituyen los bizcochuelos hechos por inspiración del Espíritu Santo. El colesterol corre por cuenta de tamales y fiambres que suelen tener más carne que los pensamientos de san Luis Gonzaga.
Al lado de los bizcochuelos, mueren de envidia las exquisiteces  del Versalles, Santa Clara y  Ástor, íconos de la repostería paisa.
La fórmula de los bizcochuelos es más secreta que el misterio de la Trinidad y de la Coca-Cola juntos.
“El Señor”, como le dice al que reparte las cartas, la reclutó desde sardina.  Hace algunas décadas  vive retirada  del “mundo”, como diría su amado Tomás Kempis, el de la Imitación de Cristo.
También en mayo recuerda a doña María, su progenitora, quien conspiró para que no profesara los incómodos votos que rigen a las pupilas de Santa Beatriz de Silva, la fundadora.
“Pero el Señor me regaló esta semilla de la vocación”, comenta MM quien practica la oración como dieta exclusiva para mantener su condición de Amparito Grisales de Dios. Sin revertex, por supuesto.
MM conserva la línea pero perdió la falange del índice del dedo derecho haciendo hostias. Ese día su ángel de la guarda se descuidó. O andaba de puente en el purgatorio llamado Santa Marta. La abadesa MM no retiró a tiempo el dedo de la máquina que corta las hostias y… “habemus” una falange menos.
Recurrió a todas las artes para recuperar su apéndice. Le pidió – sin éxito- el milagrito al padre Ramón Arcila de Sabaneta, quien marcha camino de los altares ante el desgano de la parroquia y de la Arquidiócesis.
Ensayó con prótesis pero ni Chopin ni Bach se dejaban tocar con una falange hechiza. Su amigo el fallecido padre Gustavo Vélez, Calixto, le sugirió tocar únicamente piezas para una sola mano. O promover una “indicetón”.
Finalmente, recurrió a Salomón, cuota inicial de Perogrullo, y decidió repartir entre los demás dedos la sabiduría musical acumulada en la falange desaparecida.  Santo remedio.

Por: Óscar Domínguez G.

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