Millos está aquí otra vez

Hace unos meses, en una oficina de la calle 90 con 11 de Bogotá un puñado de hinchas, que se bautizaron como “Unidos por Millonarios” inició un proceso que parecía imposible: devolverle al Club de fútbol de sus amores, su grandeza, su honorabilidad y su prestigio.
Sabían que sería un proceso largo, tortuoso y peligroso. Que antes había que extirpar el cáncer de la corrupción que lo carcomía por dentro. Un cáncer que lo fue invadiendo a tal punto que cuando entraba a la cancha parecía un equipo muerto. Sin alma. Sin ganas de vivir y de triunfar.
Un equipo al que sólo le quedaban dos cosas: un buen nombre, producto de sus hazañas de un pasado ya lejano y sus hinchas. Millones de seguidores que han aguantado 23 años de derrotas y humillaciones o que desde que nacieron y siguen al equipo no han podido celebrar un campeonato o sufrir y gozar en una final. 
Igual que la heridas cuando se infectan hubo que sacar la pus y gracias al apoyo de algunos periodistas y medios de comunicación que tuvieron el valor de ventilar la podredumbre, los tumores fueron finalmente extirpados. Fue costoso, es verdad, aún hacen ruido por ahí, pero se fueron.
Un hombre experto en salvar empresas muertas o a punto de estarlo, José Roberto Arango aceptó el reto de iniciar la reconstrucción de Millonarios. Poco a poco, contra viento y marea, luchando contra la presión, la intriga, la mala fe y la corrupción fue solucionando problemas y corrigiendo el rumbo.  El Gobierno finalmente decidió apoyarlo y abrió las puertas al saneamiento del Club.
Internamente las cosas también mejoraron. El bienestar y el aire fresco, más pronto de lo calculado, se reflejó en la cancha. Mejoraron el juego, primero y los resultados después. Este domingo, frente al Independiente Santafe, con El Campín pintado de azul, Millonarios no jugó bien. Lució impreciso y confundido. Lento y distraído por momentos. Desordenado.
Fue un mal partido. Pero un partido que sirvió para demostrar novedades importantes: Millos tiene alma otra vez. A sus jugadores les duele la camiseta. Sienten vergüenza. Respetan a sus hinchas. No jugaron bien, pero lucharon hasta el último minuto cuando consiguieron el empate que los llevará a las finales después de 7 años de frustraciones.
Millos está aquí otra vez. Millonarios ha regresado. Sus hinchas, la mayoría de los cuales se había alejado de la tribuna, también. Agradecen el cambio. Perciben el aire fresco.
No ganamos. Apenas empatamos. Pero nos quedó la sensación de que la pesadilla terminó. Podemos volver a soñar.
El proceso que inició “Unidos por Millonarios” empieza a dar frutos y estamos felices por eso. Valió la pena el esfuerzo. Valió la pena aguantar las amenazas y la intimidación.
Los malos tiempos quedaron atrás. Es hora de rescatar la camiseta para regresar a Occidental. ¡Estamos vivos otra vez!

Es hora de apoyar.

¡Gracias!

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