R9 Falcao

Porto es ahora el campeón de la Liga Europa. En un juego abundante de atletas y escaso de pensadores, fueron suficientes el pase de Guarín y el magistral cabezazo de Falcao para marcar la diferencia.

Falcao no ha llegado a este lugar como producto del azar. Él ha sido fruto de un proceso sólido. Su padre, Radamel García, fue un defensa central, de quien los delanteros contrarios prefieren no tener memoria. Radamel, en términos de fútbol, era la antítesis de su hijo. Su labor consistía en evitar que el goleador contrario convirtiera. Y sus métodos se dejaron ver y sentir en las canchas del fútbol colombiano.

Radamel se retiró, pero no dejó el fútbol. Se proyectó en su hijo, a quien le puso el nombre de Falcao. No creo que haya duda alguna sobre la inspiración que tuvo al llamarlo de esa manera: aquel brillante jugador de la Selección Brasil, de quien tenemos memoria en el Mundial del 82 cuando le hizo un golazo a Italia y luego su frenética celebración y su rostro, con lágrimas de alegría, que millones de espectadores tenemos en la mente cada vez que oímos mencionar su nombre.

Falcao, el hombre que hoy vuelve a ser portada de las revistas y diarios del mundo del fútbol, estuvo en el potrero y la academia. Supo lo que era el fútbol de inspiración y el fútbol que se aprende en el pizarrón y en los extenuantes entrenamientos que enseñan fundamentación y movimientos adecuados en el terreno de juego. Falcao también fue al colegio y le dio espacio considerable a los conocimientos.

Él ha demostrado que la creencia de que solo los grandes jugadores nacen en la barriada y no tienen nada que ver con las aulas de clase es desueta y está cada vez más alejada de la realidad. El fútbol, como toda actividad, implica un aprendizaje diario y continuo. Por esa razón, Falcao aprovechó hoy la única oportunidad que le ofreció un juego cerrado y difícil.

Pero Falcao no jugó solo. Tuvo la compañía permanente de sus compañeros. En el Porto, Falcao no está ni se siente solo. Levanta la mirada y encuentra con quién jugar.

No le ocurre lo mismo cuando juega en la Selección Colombia. Esta mañana, el periodista deportivo de Espn Tito Puchetti sugirió que la Selección debería jugar con tres delanteros para que el goleador tuviera más compañía. ¿Se atreverá Hernán Darío Gómez?

A principios de los años 90, Gómez era un hombre arriesgado y en los equipos en los que trabajaba se veía un fútbol en el que las posibilidades de gol eran notorias. Pero con los años se hizo más conservador y llegamos a la Selección del 98 en Francia, con delanteros aislados y poca presencia en el área rival de mediocampistas o zagueros que se lanzaran a la ofensiva. Fue, en síntesis, el olvido del gol, jugar hacia los lados, como si no hubiese porterías.

Gómez no ha cambiado. Se ha refugiado en su sistema ultraconservador, pero los hechos han venido desbaratando sus teorías de antes. El título del Porto y el protagonismo de Falcao, un jugador de comportamiento intachable dentro y fuera de la cancha, quizás lo hagan entrar en razón.

Por: Gabriel Romero Campos

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