Correos basura

Pertenezco a una logia especializada en revirarles a quienes violan nuestra intimidad con correos electrónicos en los que anuncian robustas rebajas si seguimos pautas que nos harán más sanos, ricos, espirituales, bellos e inteligentes.

Lidera la insólita ONG desde Colonia, Alemania, el periodista español Ricardo Bada. Comparto algunos aportes a la causa:

Oferta: Terapia contra la depresión y “patologías asociadas”.

Respuesta: Vivo feliz con mis taritas sicológicas. Le ponen color a mi andadura. Cuando me levanto depresivo, con el bobo alborotado (“hay días en que somos…”), le doy gracias al espejo, mi siquiatra de pared, por el día insólito que me anticipa. Maluco también es bueno.

Oferta: Anuncian curso sobre “el perdón, una puerta a la reconciliación”.

Respuesta: Por pragmatismo, esperaré el  seminario sobre el olvido que dura más. Nos aligera de equipaje. Perdón sin olvido es como la i sin el puntico encima.

Oferta: Garantizan mecanismos certeros para que mis deudores me paguen.

Respuesta: Les doy otra idea mejor: Pueden recurrir a los buenos oficios de un eunuco. En la India, si usted debe algo y niega la cuenta, recibirá la visita de un castrado que se apoltronará frente a su casa a cantar, bailar y a mostrar lo que le quedó después de que un afilado bisturí pasó por “allí”. Los estrepitosos chepitos colombianos también eran efectivos a morir. Tanto que los prohibieron.

Llueven invitaciones a cursos sobre liderazgo:

Respuesta: La hora del liderazgo para este pensionado es periódico de ayer. Mi cuarto de hora es carne de alzhéimer. Ahora sigo a Hemingway: “Hay que estar dispuestos a trabajar sin aplausos”. La vanidad y su sacamicas el éxito, han dejado de estresar mi agenda. Ahora soy mi propio jefe. Me paso memos. A veces me suspendo. Disfruto mi sabático de ruidoso anonimato.

Cuando me despierto y descubro que no tengo que recibir ni dar órdenes, ni asistir a juntas directivas, ni posar de inteligente, ni escuchar la amedrentadora prosa gerencial,  me provoca invitar a trago y mujeres a toda la cuadra.

Oferta: Necesitan vendedores de periódico.

Respuesta: Mi primer oficio en periodismo fue el de voceador dominical de “colombianos” y “correos” en La Estrella, a media hora de Medellín. Sin exagerar, creo que ese puesto es para mí. Pero hay un problema, Houston: Tengo 65 años y en casa tengo otros meses. ¿Sirvo? ¿O sigo acariciando el gato?

Funerarias paisas tratan de quedarse con este negro para remitirlo al insomnio eterno.

Respuesta: Si desean hacerse a estos huesitos y a esta carnita para volverlos polvo, vía horno crematorio, monten sucursal en Bogotá, donde ronco. Por lo pronto muero en cómodas cuotas mensuales que pago cumplidamente a mi cooperativa.

Cuando leí con el rabillo del ojo  un correo en el que ofrecían cirugía plástica para “erección” me dije: “Lánzate”. Leí bien, y descubrí que hablaban de rebajas por “elección” entre mamoplastia o lipólisis. No soy el cliente.

Por Óscar Domínguez G.

 

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