Me quedaría chiquito hasta la eternidad

Por: Oscar Dominguez

Hace 26 años, en vísperas de su primera comunión, entrevisté en casa, grabadora en mano, a mi hijo Juan Fernando. Hoy el caballero es antropólogo de los Andes con maestría en la Universidad de Melbourne, donde vive con su esposa Josephine Wright, también antropóloga,  y sus hijos, los repetiditos (mellizos) Mateo y Patrick George, de un año. Con mis felicitaciones a los padres pasados, presentes y futuros, les comparto la entrevista. En el anexo la familia Domínguez Wright en pleno, el día del bautismo de los canguritos. A la izquierda, en la foto, se ve ligeramente a la tía y madrina, Andrea Cotela. Odomínguezg

Me quedaría chiquito hasta la eternidad

¿Cuántos años tienes ahora?

Nueve y cuarenta y cuatro.

Nueva y cuarenta y cuatro qué…

O sea, más de nueve años y medio.

¿Cómo te ha ido en la vida?

Bien…

¿Por qué?

Tengo todo lo que tengo.

¿Y qué es todo lo que tienes?

Tengo todo lo que quiero.

¿Y qué es lo que querés?

Pues todo lo que ustedes me dan.

¿Eres un niño feliz?

Que sí qué… huy, hartísimo.

¿Qué es para ti la felicidad, Muñeco?

Pues yo no sé porque… es que  uno sabe cómo es, pero no lo sé explicar. Pero es un sentimiento muy bonito.

¿Y a qué debes ese sentimiento tan bonito?

¿Cómo?

¿Por qué crees que eres un niño feliz?

Porque tengo unos papás muy buenos, una hermana que me comprende. Tengo todo lo que quiero.

¿Y en el colegio cómo vas?

Eee, Eee, más o menos.

¿Por qué más o menos?

Porque llevo una materia perdida.

¿Cuál?

Español.

¿Te consideras un buen estudiante?

Más o menos.

¿Qué es para ti ser buen estudiante?

Pues hacer las tareas, estudiar para los exámenes. Pero es que uno no se tiene que poner a estudiar todos los días. Es crueldad. Los derechos de los niños los tengo en cívica. Bueno, no me sé los derechos de los niños, pero están en la cívica.

¿Entonces para ti los derechos “es” ver televisión a toda hora?

Ene o… Ene o (No).

¿Entonces cuando me llamas a saludar por la tarde a la oficina esperas que te autorice a ver televisión?

Ah, no…. Pero también de digo otras cosas. ¿O no?

¿Cómo cuáles?

Que cómo te ha ido, que si vienes temprano. Todas esas cosas, qué noticias hay… Todo eso.

¿Qué noticias te interesan a ti?

Deportivas y de… ¿cómo es que se llaman? Y de literatura.

Ahora te leí la carta de la abuela. ¿Qué te manda a decir ella?

Primero que todo, esa carta es muy bonita. Y me manda decir que si… bueno: una cosa que voy a decir yo es que si me sobra una sorpresa se la voy a dar a un niño pobre. O sea un niño pobre porque ellos también tienen derecho a un juguetito, ¿no? Y lo que me dijo mi abuelita es que los niños de la calle no tienen un papá, una hermana, una mamá que los tuviera en las horas de llorar, de reír, de enfermedad. De todo eso.

¿Por qué hay niños pobres, Juan?

Porque no estudian y porque los papás los abandonan en la calle.

Bueno, ¿y cómo te has preparado para la primera comunión?

Bien.

¿Bien es qué?

Pues muy bien.

¿Prepararse bien es cómo?

Pues es ponerle cuidado a las clases, copiar todo lo que le dicen a uno, ponerle atención a lo que dice el padre. Las cosas más importantes. Mejor dicho: hay que ponerle cuidado a todo.

Para ti, ¿qué significa hacer la primera comunión?

La primera vez que uno recibe el cuerpo de Dios. Es un amor que uno no siente nunca. Ni siquiera en el casamiento. Porque en el casamiento uno sólo lo hace una vez y en cambio uno con la hostia, con la comunión, uno siempre recibe a Dios, de vez en cuando siempre lo recibe.

Pero hay gente que se casa varias veces…

Eso es muy malo.

¿Por qué?

Porque uno con la primera persona que se casa es con la que está ligado para siempre.

¿Y por qué se casa la gente?

Porque quiere a otras personas.

¿Tú solo te casarás una vez en la vida?

Sí, señor. O tal vez no me case.

¿Por qué?

Ah, yo no sé. Porque si no consigo… Cómo quiere…

¿Cómo la quieres tú?

No, pues no importa que sea fea. Lo que importa es que sea comprensiva y amorosa.

¿Y qué es ser uno comprensivo, Juan?

Pues que lo comprende a uno en los ratos de tristeza, de que no tiene la platica para mantenerlos en ese tiempo, no gritar a la esposa, no alcahuetear siempre a los niños pero tampoco regañarlos mucho. O sea, que ya sé cuando grande qué es lo que tengo qué hacer.

¿ Es chévere ser uno niño?

Ah, no. Si fuera posible yo me quedaría así. Chiquito.

¿Hasta cuándo?

Pues hasta la eternidad…

Entonces, ¿no te gustaría crecer como tu papá y tu mamá?

Ene o nó…

¿Por qué no?

Porque no.

– Tú hablabas ahora de la tristeza. ¿Te has sentido triste alguna vez?

Sí. Pues yo no sé por qué a veces me siento triste y me pongo a llorar y no sé por qué.

¿Y cómo te sientes en ese  momento?

Uno se siente triste a veces por los niñitos que hay pasando ahí, que tienen hambre. En cambio uno es persona y tiene todo lo que quiere… Hasta los gamincitos… Porque los perros no trabajan. Se tienen que buscar las cosas entre los basureros. Los niñitos de la calle sí trabajan. Cuando pueden. Otras veces van caminando por la calle, sin hacer nada.

¿Hoy qué hubo en tu colegio?

Noooo. Nada especial. Unos concurso, la marrana afeitada.

¿Cómo es la marrana afeitada?

No sé porque en esos momentos me estaba confesando.

También me decías que esta mañana perdiste plata en el colegio. ¿Cómo la perdiste?

Ah, no… Pues que yo no me dí cuenta cuando me la quitaron en un concurso de moneda. Yo tenía sesenta pesos.

¿Y quién te los dio?

Pues yo me los gané alquilando una cosa que tengo.

¿Qué cosa?

¿Te acuerdas una cosa que me regalaste de las naves espaciales? Las alquilé en el salón, pero viendo yo, para que no me las dañaran y me gané los sesenta pesos. Los alquilaba a 20 pesos.

¿O sea que tuviste tres clientes nada más?

Porque es que no tuve la oportunidad. Porque lo demás fue los concursos. Yo me estaba confesando.

¿Te gusta mucho la plata?

Pues cuando la necesite uno, porque la plata también da ambición y hace que las personas se maten unas a otras. El oro también.

¿Cómo fue lo de la confesión?

Noooo, pues el padre nos confesó y nos dijo una penitencia y ya.

¿Cómo es el padre, cómo lo describes?

Pues buena persona, le dice a uno todas las cosas con cariño, que uno comprenda qué es lo que tiene qué hacer.

¿Y qué es la confesión para ti?

¿La confesión? Pues es decir los pecados que uno tiene.

¿Y qué es un pecado para un niño como tú?

Pues cosas malas que uno ha hecho…

¿Cómo cuáles?

No obedecer a los papás, pegarle a la hermana.

¿Y eso fue lo que le dijiste al padre?

Sí, y otras cosas más. Pero esas estaban incluidas.

O sea que hay cosas que no se pueden decir, ¿no?

Sí.

¿Ya tienes sueño.

Sí.

¿Y tus familiares de Medellín?

No vinieron.

¿Y eso?

No podían. El carro estaba dañado.

¿Te habría gustado que vinieran?

Claro.

¿Por qué?

¿Por qué nosotros somos los que tenemos que ir a visitarlos?

¿Y cómo va a ser lo de tu primera comunión?

No te lo puedo explicar porque tienes que ira allá.

¿Terminamos la entrevista?

Sí…

 

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“Y ya para terminar por hoy”, un poema de Andrea a su hermano Juan, a quien en familia le decíamos Centella Bugalú:

CENTELLA BUGALÚ

Te daba vueltas con mi triciclo amarrado a tu caminador

Te daba vueltas hasta marear tu curiosidad

Mi misión era detener tus ímpetus

¡Que no desarmaras la casa en búsqueda de la verdad!

¿Cómo me lo has podido perdonar?

Centellita Bugalú, que pides leche en los bares

Hoy me cuelgo de ti

Para cruzar todas mis calles

 

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