Palabras más hermosas

Por Oscar Domínguez G.

No tengo nada contra “Querétaro”, escogida hoy día sábado 18 de junio,  Día del Español, como la palabra más bella. Se trata de una voz mexicana que significa “isla de las salamandras azules”.

 

No voté por esa palabra. Por ninguna. Prefiero éstas:

 

Arcoiris: Agua pasada por lluvia más una cuota personal de sol. Al arcoiris solo lo afecta el racionamiento de luz que hay en los eclipses. El arcoiris no interviene en política: en su bandera nacional tiene adecuada y equitativamente repartidos sus colores violeta, azul, turquí, verde, amarillo, anaranjado y rojo. Es un baño turco en los ojos del prójimo.

 

Zaguán: Era el limbo, la tierra de nadie de las casas de antes. Ya el zaguán es carne de nostalgia. Las casas de hoy, copiadas al carbón de las estrechas colmenas, no se pueden dar el lujo exquito del zaguán que era el espacio entre el mundanal ruido y la intimidad de la casa.

 

Colibrí: Helicóptero con alas, punto suspensivo sobre el néctar de la flor, su hotel de todas las estrellas. Tiene el viento por hábitat.

 

Viento: El logotipo sin carne y sin hueso de la libertad. Imposible vivir sin viento, es decir, sin libertad. Como Dios, no se ve pero está en todas partes.

 

Sombras: Las huellas digitales de los fantasmas. La sombra es el fax del más allá.

 

Barrio, bulevar: Son primas hermanas. Mientras más primo, más me arrimo le dijo al barrio al bulevar. El barrio es nuestra biografía nunca escrita. Ni desmentida.

 

Pétalo: este sustancioso sustantivo debería tener el siguiente aviso: delicado, este lado arriba. Cómo será de frágil esta palabreja que a la mujer no se la puede tocar ni con el pétalo de una flor. Mejor llenarla de besitos. Preferible si son de esos que no venden en el teatro para acompañar las películas.

 

Nostalgia: El espejo retrovisor del recuerdo. En portugués es enfermedad incurable llamada saudade. Es sinónimo de falta de terruño, lejura del ser amado. La nostalgia es el sabor en la boca que queda después de haber vivido.

 

Sacristán: Eslabón encontrado entre la religión y el bobo sapiens. El sacristán se tutea con el alto mando de la corte celestial.

 

Saltimbanqui: La sola palabra invita a la prestidigitación, a la magia, que es la lógica vuelta hilachas. El saltimbanqui se alimenta de sopa a base de carne de gato para no partirse los huesos en las caídas por fuera del libreto.

 

Atardeceres: Le dan el tatequieto al día y preparan el banquete nocturno de escasez de luz.

 

Titiritero: El oficio que muchos habríamos querido tener. Un destino con tres íes en su hoja de vida tiene que ser una delicia. Existe para los ojos siempre asombrados del niño, y para los del adulto que deja salir el párvulo que lleva por dentro en bulliciosa procesión.

 

Vocales: Me gustan todas. Es más, el alfabeto íntegro debería estar compuesto de vocales llenas y frágiles como un ángel.

 

Ángel: Un oficio para envidiar cuando se es ángel de una mujer. Envidio el ángel del poeta Ciro Mendía que se robó el espejo donde vio a su amada desnuda, o solo con la radio puesta, como Brigitte Bardot.

 

Horizonte: Sitio para mantener siempre puesta la mirada. A veces el horizonte termina donde empiezas nuestros sueños.

 

Dormir: Morir de mentiritas todos los días. ¿Qué tal vivir siempre despiertos? Debe ser tan aburrido como “vivir” siempre muertos.

 

Bacenilla: a esta nostalgia nocturna también se le conoce con el alias de mica, pato o vaso. Es un inodoro nocturno portátil o de bolsillo, con florecitas en los bordes, que los abuelos metían debajo del catre para escurrirle el bulto a los espantos. O para ahorrarse alguna pulmonía que podían pescar por aventurarse a salir al baño a aligerar el riñón.

 

La bacenilla –bacinilla para sus íntimos- tomaba la forma de las nalgas que la contenían. Mica que se respetara tenía peladuras por fuera, al lado de la oreja, fruto de excesos fisiológicos.

 

Si el gato tiene siete vidas, en promedio, una bacinilla tenía tres vidas útiles que sumadas dan 97 años. La inútil dura de ahí en adelante.

 

Catre: admnículo horizontal que se utilizó siempre para hacer gente y en la noche para colocar debajo de ellos las bacinillas.

 

Pisingaña: Nintendo que se jugaba pegando pellizquitos en las manos.

 

Carriel: mezcla de CIA, DEA y DAS. Un guarniel es misterioso como una mujer fatal que nunca se dejará conocer sus secretos. Una nutria menos es un carriel más. Entre sus muelles se camuflan “crucifijos, naipes, dados, yerbas, espejo y mechero”.

 

Totuma: hueco que tiene el cielo por tapa. Por debajo, la totuma está hecha del “epicarpio del fruto de varias cucurbitáceas y bignoniáceas”.

 

Escapulario: chaleco religioso antibalas. Con el escapulario no lo entra a “vusté” ni el magníficat.

 

Zurriago: punto de apoyo para recorrer y mover el mundo que utilizaban los arrieros de antes.

 

Batea: pedazo de madera domesticado para lavar la mugre del prójimo.

 

Escopeta: ruido mortal que sale como por entre un tubo.

 

Olla: estado en que quedan algunos países del tercer mundo después de pagar la culebra, también llamada tenia o lombriz solitaria de la deuda externa.

 

Culebrero: médico hechizo sin diploma.

 

Peinilla: objeto con dientes plásticos utilizado para disciplinar la caspa. En su segunda acepción, es objeto cortopunzante que pone orden en los rastrojos. Con par guarilaques y una peinilla de tres rayas, el mismo putas de Aguadas pagaba escondederos a peso al que se lo rastrillara en el piso.

 

Aguardiente: buscapleitos licor oficial con el que se garantiza el pago de los maestros y la salud del pueblo.

 

Adiós: Sirve para decirles que no les quito más tiempo.

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