Optimismo

Por: Gabriel Romero Campos

Después del buen juego de Colombia contra Argentina ha regresado el optimismo. Suele pasar aquí, donde los procesos no son analizados en su globalidad, sino que nos dejamos llevar por el día a día. “Bolillo”, que había dejado serias dudas en los encuentros de preparación y contra Costa Rica, planteó un partido inteligente. Le cerró todos los caminos a Argentina y halló fórmulas para llegar a situaciones de gol. Por momentos, este equipo nos condujo a los tiempos de Valderrama, Rincón y Asprilla. ¿Cuál es la Colombia real? No lo sabemos. Y para alcanzar un buen lugar en la Copa América y regresar a la copa mundo es necesario que el rendimiento del equipo sea sostenible. Colombia vive de las anécdotas de lo logrado en un partido heroico. Eso fue lo que sucedió el miércoles contra Argentina, cuando se esperaba que los rioplatenses, luego de su traspié con Bolivia, pasarían por encima de la gente de Bolillo. Pero Colombia ofrece buenos resultados cuando menos se espera de ella. Pese a los merecidos elogios, el gol aún no se ve. No parece haber convicción cuando se llega a la puerta contraria y mucho menos cuando el partido implica un altísimo grado de presión. Dairo Moreno, goleador casi infalible en el Caldas, falló con la portería a su disposición. También falló Adrián Ramos, y al final Teo Gutiérrez no supo cómo definir con el arquero argentino como único obstáculo. Viejo problema colombiano ese de no poder anotar. Bolivia será un duro examen y pondrá a prueba el poderío de los delanteros de Gómez. En medio del juego del miércoles, llamó la atención la imagen de Messi. Solo, sin un compañero al lado, sintiendo el peso de la camiseta de la Selección. Messi es uno en Barcelona y otro en Argentina, desdibujado, nervioso, sin tino a la hora de cobrar y, desde luego, sin Iniesta y Xavi y sin los laterales barceloneses saliendo por los costados. Messi no tiene la fortaleza para echarse el equipo a sus espaldas y cambiarle la faz a un partido. Messi necesita demasiados socios y en su selección no los encuentra. Pasan los partidos y se acrecientan las críticas. La presión es enorme. El Messi que vimos en la televisión no se siente a gusto e inclusive no se lleva bien con Nicolás Burdisso, un mediocre zaguero que se atrevió a reclamarle más sacrificio en el juego del miércoles. El hincha argentino cada vez le cree menos. La prensa tampoco es muy condescendiente. Costa Rica, el próximo rival, cerrará las puertas, se ocultará y hará más difícil el camino para Argentina, llena de buenos jugadores, escasa de ideas. Colombia, por ahora, ha pasado del invierno al verano. Su cielo es azul. Bolillo ha tapado la boca de sus más severos críticos. El hombre del común recibe con optimismo este buen tiempo, pero sabe que el terreno por recorrer es aún largo y dispendioso. Argentina es hoy la confusión de Tévez, la soledad de Messi, la ausencia de un líder atrás, un arquero del montón. Es el recuerdo de hace un año, cuando se marchó de Sudáfrica por la puerta de atrás.

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