Del cómo “escribir y no morir en el intento” 3ra entrega. La invitación.

Sentado y pensando qué más podría escribir para ser coherente con el titular que acompaña estos escritos… (Parte 1) (Parte 2) se me ocurre que tal vez podría contarle del día en el que decidí dar inicio precisamente con esto.

Del cómo logré llegar hasta mi escritorio después de ser retenido por una patrulla de la policía. Tal vez no debería contarle una situación así, pero creo que es la manera más sencilla y sincera de dejarle saber y conocer un poco, quién está, y qué le ha pasado a quien está detrás de estas líneas que ahora lee, y de una situación bastante particular que desde ese día cambió un poco mi vida.

Sucedió que luego de varios tragos en una reunión a la que fui invitado, específicamente una despedida de solteros, dos de los asistentes que como yo habían recibido su tarjeta de invitación, quisieron sobrepasarse con las (vale la pena decirlo) bellas y despampanantes “show girls”. “Hasta este punto todo está normal” -pensé en ese momento- el ambiente, la música exhuberante, tantos traseros hermosos, pequeños bikinis y en general un ambiente riquísimo pero fuera de control hicieron tal vez, que esos dos personajes hicieran lo que hicieron.

Al comienzo no logré contener la risa, los dos se abalanzaron gritando y gimiendo sobre una morena alta, de largas piernas y que por cierto ahora que escribo sobre ella, recuerdo sus senos grandes y firmes, los cuales lograron que por un momento quisiera también lanzarme a tocarla. Pero logré contenerme. Ellos sin tapujos la abrazaron y comenzaron a bailar a su alrededor, uno, el que estaba adelante tomó su busto y comenzó a besarlo, el otro, como pensando que también debería hacer algo tomó el bikini y al ritmo de la música lo bajó… y así, hasta que en total desnudo la morena siguió bailando, sin inmutarse.

Cabe aclarar que entre tantos invitados esto que les cuento era apenas algo de todo lo que sucedía esa noche. Yo me alejé un momento, algo excitado, y me dirigí hacia otro sitio del departamento, la cocina, ya que el hambre estaba atacando con dureza… ustedes me entenderán, eso no da espera.

Abrí el refrigerador y encontré de todo, tomé lo primero que se me antojó y hasta quedar satisfecho estuve allí. Mientras organizaba un poco el desorden que había hecho, entró dejando ver algo de cansancio una de las -show girls- y me dijo que si podía ofrecerle un vaso de agua. Asintiendo, sin palabra alguna tome el vaso, lo llené y se lo entregué. Lo tomó con cierto afán y de inmediato de una de sus botas sacó algo que identifiqué sin mucha dificultad, una papeleta de cocaína, la verdad no se me hizo raro, pero quedé “plof..” -era una niña, o por lo menos su rostro no dejaba ver más de 20- era hermosa. Me miró y me dijo que si me importaba. Le dije que no, “armó” dos largas y gruesas líneas y bueno.. ya saben el resto. Terminó y sonrió y me dijo que si quería bailar con ella.

Ya era la media noche pasada y la fiesta estaba como al inicio, nada había cambiado, sexo en cuanta habitación y/o rincón había disponible, mucho licor y música electrónica a todo volumen. Estaba de locos, era genial. Bueno, lo digo así y no porque frecuente mucho ese tipo de “rumbas”, de hecho, muy poco lo hago, pero esa noche era especial, mi hermano, al cual adoro, dejaba de ser soltero y cómo no iba yo a aceptar su invitación.

Espero y usted no termine pensando mal de mí al final de todo, si tuviera yo una hija que me leyera, nunca terminaría de escribir esto. -El tema feo- o, aburridor, especialmente para mí es lo que pasaría un par de horas más adelante. Asunto por el cual terminé metido en una “URI” cual delincuente.

Pero hasta que eso pasara, más cosas sucedieron esa noche.

4ta entrega. Ella »

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