Del cómo “escribir y no morir en el intento” 4ta entrega. Ella.

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Mi hermano era de los pocos que no hacían nada con las –show girls-, estaba sentado, mirando y tomando un vaso de whisky, lo noté muy contento y no era para menos, pronto se casaría con una bella mujer, Adriana en verdad está espectacular. Además, se nota a leguas que se aman.

El departamento estaba justo al lado de un parque, razón por la cual varios de los invitados habían salido a fumar,  era un primer piso y solo era necesario saltar la verja para estar en él. Ya entrada la noche nadie en el conjunto se percataría, encendieron una hoguera no muy lejos, cuando me di cuenta salí del bullicio y fui hasta donde estaban todos, la noche estaba deliciosa, había una calma absoluta si comparamos el estruendo de adentro.

En eso salió Camila y se dirigió hacia mí –era la misma de la cocina– me dijo que si podía acompañarme con un cigarrillo. Conversamos sobre su trabajo y de qué hacía cuando no estaba contratada. Comenzó a hablar y a contarme un sinfín de cosas como si me conociera de hace mucho. Le presté atención y comenzó a preguntarme si salía con alguien, si tenía hijos y sobre mi trabajo. Me decía que la publicidad era algo que le habría gustado estudiar, pero que nunca pudo hacerlo. No tenía hijos y decía que nunca los tendría. Que odiaba a Dios, y  que se sentía sola en el mundo. También, que al verme había sentido conocerme. Y era raro, yo sentía lo mismo, solo que no sabía exactamente de dónde.

Así continuamos hablando por varias horas, tomando whisky y fumando un par de puros. Era entretenida, bella… y drogadicta, asunto que me incomodaba un poco. Pero no importaba. No estaba pensando en “fraternizar” con ella… a lo más, esa sería la primera y última noche que la vería.

Carlos y mi hermano habían decidido prender los carros y como locos ponerse a correr, las calles estaban solas y había mucha adrenalina en el ambiente. Pensé en detenerlos pero decidí que no, esa noche no tomaría el puesto de “hermano mayor”, no era mi despedida y no quería echar a perder la buena vibra que se sentía. Hoy que escribo esto sobrio y con la cabeza clara, no logro entender aún qué pasó conmigo desde ese momento. Pero cosas así precisamente son las que quisiera poder borrar de mi pasado, aunque es imposible. Bien dicen que “el remordimiento es como la mordedura de un perro en una piedra: una tontería” –Nietzsche- y no le digo que me arrepiento, pero sí que evitaré a toda costa situaciones similares.

Le explicaré…

Tengo esposa y una hermosa hija, las amo, y hoy por hoy puedo decir que son mi todo y que sin ellas mi vida no sería igual, pero esa noche, tal vez por los tragos, (la excusa más tonta que puedo dar pero debido a que no tengo otra…) Camila y yo nos acostamos, bebimos y para confesarle, me drogué hasta perder el conocimiento.

Fue justo ahí donde comenzaron todos mis problemas…

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