La perversión del poder

Por: Gonzalo Andres Muñoz

Hay un tema que en el decurso de la humanidad siempre ha ejercido una fascinación especial sobre doctos y legos, y tiene que ver con el modo en que el manejo del poder pervierte a sus usufructuarios. Toda forma de poder corrompe, y el poder absoluto corrompe de modo absoluto.

El caso más llamativo fue el de Adolfo Hitler, quien con su oratoria mágica subyugó a un pueblo que venía con el orgullo herido de una derrota, y le levantó ese ánimo y le hizo creer que eran una raza invencible, capaz de ejercer hegemonía sobre el planeta entero. El resto ya se conoce. Es factible que en un principio ni el propio Hitler imaginara tan poderosa su fascinación sobre las masas, a tal punto que éstas llegaran hasta acompañarlo en la tarea de aniquilamiento sistemático que ejerció sobre el pueblo judío, acorde con su visión particular del mundo que le rodeaba.

Un segundo caso llamativo corresponde a la Inquisición, cuando la jerarquía católica descubrió que el inmenso poder que manejaba sobre sus rebaños le servía incluso para mandar gente a la hoguera, en su gran mayoría mujeres, con el valor agregado de que se quedaban con los bienes terrenales de aquellos a quienes en su ‘infalible’ capricho señalaban como herejes o aliados de Satán. Lo sorprendente aquí es que mientras el imperio de Hitler se derrumbó con una aplastante derrota a manos de los países aliados, la Iglesia Católica no sólo logró salir bien librada de semejante aberración histórica (para no hablar de otras aberraciones), sino que consolidó su poder como hegemonía religiosa mundial, gracias un adoctrinamiento que comienza desde la cuna.

Si se nos diera por comparar con Alemania, diríamos que Colombia venía también de padecer una gran derrota a manos de las FARC, que durante cuatro interminables años hicieron de Andrés Pastrana el hazmerreír de un proceso de paz malogrado desde el primer día, cuando alias Tirofijo le dejó la silla vacía en El Cagúan, dando así a entender que por el desayuno se sabría cómo sería el almuerzo.

En el análisis del poder el tema religioso no se debe perder como punto de referencia, en consideración a lo útil que siempre les ha resultado a muchos poderosos, incluida por supuesto la Santa Madre Iglesia hermanarse con los más íntimas convicciones sacramentales de las masas para conseguir la más dócil de las manipulaciones. Y que conste, este discurso no pretende cuestionar la existencia de Dios sino la utilización farisea que de su nombre o mejor, a nombre suyo han hecho desde siglos inmemoriales los más diversos profetas, pontífices, políticos y demás caterva.

 

De cualquier modo, con estos apuntes sólo he querido ejemplificar cómo mientras mayor es el caudal de poder que se maneja, más tentación habrá de desbordarlo.

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1 comment

Eso es muy cierto, lastimosamente la sociedad sigue permitiendo que muchos políticos negligentes abusen del poder con el que cuentan. Teniendo en cuenta que el abuso se presenta por extralimitarse en sus funciones y por negligencia en el cumplimiento de funciones para el cargo que fue elegido.

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