El Frankenstein de los derechos humanos

Por: Eduardo Mackenzie.–

Paris.– La excesiva politización está llevando al suicidio a ciertas Ongs de derechos humanos. El caso más avanzado en ese sentido es el de la FIDH, una organización francesa que pretende imponer sus dudosos criterios sobre toda la América Latina.  ¿Se ha visto alguna vez a una Ong “de derechos humanos” pidiendo la extradición de una persona refugiada en un país por razones políticas? No. Nunca. Pues eso es lo que, precisamente, está haciendo en estos momentos la FIDH.  Hasta allá ha llegado la degeneración de esa Ong, gracias a la indiferencia y el silencio cómplice de quienes deberían hacer un llamado de atención contra semejante deriva.

La FIDH es la primera Ong “de derechos humanos” que se transforma, por razones ideológicas, en su contrario: en una Ong que lucha contra los derechos humanos.  Pues eso es lo que hace la FIDH: en estos días le está pidiendo a dos Estados (a Panamá y a Colombia) que violen  el derecho de asilo, que hagan de una persona asilada en Panamá un sujeto sin derechos. La FIDH intriga para que a una ciudadana colombiana le “revoquen el asilo territorial” que un Estado soberano (Panamá)  le ha otorgado.

En efecto, una funcionaria del gobierno del ex presidente colombiano Álvaro Uribe pidió y obtuvo el asilo territorial en Panamá, en noviembre de 2010, al darse cuenta de que su juez natural, la Corte Suprema de Justicia, quería  embarcarla en un proceso penal sin garantías. Sin garantías pues  el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Jaime Arrubla, la había declarado “culpable” desde antes del inicio de ese proceso, en un acto público. Desde ese instante ella se siente como una perseguida de la justicia y del gobierno del presidente Juan Manuel Santos. La hostilidad contra ella del ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, es evidente, como lo ha subrayado la prensa.

Atacada por un “colectivo de abogados” extremista de Bogotá, enemigo frenético del gobierno del ex presidente Uribe, esa persona se ha convertido en la obsesión de la FIDH. Esta Ong ha invertido enormes sumas de dinero en viajes a Bogotá y a Panamá, pues quiere obligar al presidente de Panamá, Ricardo Martinelli Berrocal,  a revocar ese asilo.  Esos dos grupos están tan exaltados que han llegado al colmo de amenazar con represalias al propio presidente  Martinelli si no se doblega ante los dictados de la imperialista FIDH. Hasta el momento Martinelli ha rechazado esas abusivas presiones.

María del Pilar Hurtado fue acusada por el “colectivo de abogados” de haber ordenado la realización de intercepciones “telefónicas ilegales” cuando dirigía el DAS. Tales cargos no han sido probados. Sin embargo, la FIDH la presenta desde ya como culpable y pretende negarle todos sus derechos, como el derecho a un proceso con garantías, o en su defecto, el asilo político en un país extranjero.  Al hacer eso, la FIDH, apoya al gobierno colombiano (que durante más de veinte años la FIDH criticó, insultó y presentó como una “dictadura”) quien desarrolla en estos momentos una infame caza de brujas contra el ex presidente Álvaro Uribe, sus ministros, consejeros y otros funcionarios.

La FIDH maniobra contra María del Pilar Hurtado porque ésta investigó, como era su deber, las actividades que una senadora colombiana comunista, Piedad Córdoba, realizaba en beneficio de dos gobiernos extranjeros hostiles a Colombia y en beneficio de las FARC. Por esas actividades ilegales, y por sus vínculos probados con las FARC, Piedad Córdoba fue destituida por la Procuraduría General de la Nación. Desde hace más de un año, la Corte Suprema de Justicia debería haber abierto por eso mismo una investigación penal contra Piedad Córdoba, pero no lo ha hecho.

La deriva monstruosa  de la FIDH venía preparándose desde hace rato. Todo empezó hace unos años cuando la FIDH decidió que sería una Ong no defensora de los derechos humanos sino defensora de los defensores de derechos humanos. La diferencia entre lo uno y lo otro es inmensa. Para la primera todo ser humano debe ser protegido contra las violaciones de los derechos humanos, vengan de donde vengan. Para la segunda no, pues no toda víctima trabaja en la defensa de los derechos humanos. La FIDH, en consecuencia, prioriza y escoge los casos que pretende defender y hace, por ejemplo, las más variadas cabriolas para no condenar las atrocidades contra los derechos humanos que cometen los terroristas, como las FARC. Para la FIDH,  los únicos violadores de los derechos humanos son los Estados y los gobiernos. Los crímenes de las bandas terroristas entran, para ellos, en otra categoría. Lo de ahora, sus maniobras para quitarle a una refugiada política el derecho al refugio, es una consecuencia de esa visión absurda. Es una desviación que va más allá de todo lo imaginable.

La incursión que pretenden realizar en Panamá la FIDH y el colectivo de abogados (éste está involucrado en un escándalo en Colombia por haber inventado falsas víctimas y cobrado por ello  ilegalmente dineros al Estado colombiano) es la segunda. En noviembre de 2010, uno de sus agentes viajó para exigir a Panamá “que se revocara el asilo otorgado” a esa persona.  Otras Ongs de derechos humanos, como Amnistía Internacional y  Human Rights Watch se han negado a colaborar en la infame aventura de la FIDH.

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