Parqueaderos y movilidad: una controversia necesaria

Por: Luis Guillermo Blanco O.–

No todo lo que se hace en otras ciudades del mundo, se puede repetir en Bogotá. Nuestra capital es una ciudad sui géneris; aquí no existen vías anchas o espaciosas, por lo que no es conveniente, en mi opinión, arrendarle a los carros franjas en un costado, o en ambos para el caso, pues se estrecharán de tal manera, que donde hoy no hay caos, la medida racionalmente hablando, lograría crearlo. Para los parqueaderos convencionales – muchos con un índice de ocupación mínimo por falta de cultura y de autoridad – hablando en términos taurinos, tan de moda por estos días, sería la  estocada final. Es mucho más rápido y seguramente más ‘económico’ – los precios los fijan el Concejo y la Alcaldía Mayor – parquear en la calle, aunque no más seguro; las tarifas entre más económicas, más carros con menor rotación. Con certeza  las compañías aseguradoras, de instalarse la medida, elevarán sus primas de robo, o podrán decenas de condiciones para expedirla. Ojo Alcalde: tampoco hay que perder de vista las más de cincuenta mil familias que dependen de esa actividad.

Diversos Alcaldes han pasado por encima de esa posibilidad, por inconveniente. El Plan Maestro de Parqueaderos lo trae hace 20 años – 150.000 carros -; sucesivos estudios dispuestos por otras  Administraciones, y que sería bueno que los conociera el Alcalde Petro, han dejado saber que la medida traería más problemas que beneficios; obligándolos no a posponerla sino a descartarla. Ahora circulan diez veces más carros que entonces, con una desorganización veinte veces mayor en proporción a los de la época, transitando por las mismas vías, o tal vez con menos porque TransMilenio tomo una buena parte de ellas. A mi modo de ver el asunto, el Alcalde debería más bien incentivar fiscal y tributariamente a la empresa privada para que se comprometa con la construcción de modernos parqueaderos – Bogotá no tiene una red o estructura propia – en sitios puntuales, o proponerles una alianza: el IDU aporta los predios y ellos, la empresa privada, la construcción, explotación y administración, por un número determinado de años; eso le ahorraría una inversión millonaria al Distrito y conseguiría un aporte valioso a la movilidad de la ciudad. Bogotá, entre otras razones, es de las ciudades del mundo, que menos invierte en estacionamientos.

El problema de movilidad en Bogotá, en mi opinión, es cuestión entre otras razones, de mejorar la logística: descentralizar parte de la actividad  en las localidades – mover ese paquidérmico cuerpo, como se está moviendo es muy difícil – ; disponer de más policías, pero no para imponer multas sino para agilizar el tráfico; crear una división de  patrullas volantes;  calificar policías cívicos para que ayuden, entre otras labores, a la fluidez en horas pico; repavimentar vías, por lo menos las de más alto impacto, y por último, comprometer, por igual, al conductor y peatón con las normas –  pedagogía a la lata  – .

Con estas y otros medidas, estoy seguro, se podría empezar a simplificar el pico y placa.

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