Día de la mujer

Por Fray Augusto

Algunas mujeres de las tiras cómicas aprovecharon su día internacional, para extrovertirse en contra del bobo sapiens:

De mamá Eva:

Espero que no me vayan a juzgar mal por lo del pecado original, el menos original de todos los pecados. A ustedes les tocó pagar los platos que rompimos entre Adán y esta servidora. Pero díganme: ¿Qué sería de la vida sin pecaditos? Déjeme decirles que con Adán entendí que los hombres siempre estarán en obra negra. Como los celulares, se quedarán sin inventar del todo.
No aprenden, pero sí olvidan lo que les interesa. Como no tenía con quién serme infiel, me era infiel con él mismo… Con ese gremio masculino no hay motivo para la esperanza. Menos mal, cuando me fui, Adán me regaló este epitafio-indemnización: “Donde ella estuviera, allí estaba el paraíso”.

Hola, soy Marge Simpson, la esposa que tiene a su marido por cárcel. Soy una mujer enrazada en hombre. Tengo la ternura de una mapaná. Así que no esperen babosadas de parte mía. Arréglenselas como puedan un día como hoy. Vivo en un eterno presente con el marido que tengo. Una pareja como Homero y yo somos peligrosos para la salud. No sé si me entendieron que para mí no hay nada qué celebrar.

De Mafalda:

A mí la sopa que me la den en Internet para proclamarlo ante la aldea global: si los hombres no existieran, no habría necesidad de inventarlos. Apretando más las clavijas diría que los hombres son un mal INecesario. Sé por que lo digo porque hace años me quedé sin el che Quino, y tengo más prensa que nunca. Los hombres son kleenex desechables. Y prescindibles como las crispetas y la sopa. Díganmelo a mí que no tuve infancia, como don Fulgencio.

De Ramona, la mujer de Pancho:

Mis amores: Mujeres como yo tenemos la horrible sensación de que nunca estuvimos solteras. Cuando existe gente como Pancho, mi esposo, la conclusión es que mi mejor día es mañana. Nos casamos en una escasez “que hubimos”. O para no caernos de la cama. Mis momentos memorables se producen cuando Pancho se va al café de Perico. Este fumador de puros no amerita que me haga por él la más barata cirugía plástica. Viví no más que subiéndome por las paredes, o pecando con las ganas de las amigas. Nos vemos.

Pepita de Parachoques, la esposa de Lorenzo:

Tanta fidelidad se me hace violatorio de nuestros derechos humanos. Nosotros ponemos la fidelidad, ellos los cuernos. Además, las mujeres hicimos la peor revolución: logramos acceder a puestos de trabajo pero seguimos en la cocina. ¿Qué revolución de peluche es esa? Los tipos deben estar muertos de la risa con esta liberación pegada con babas. ¿Qué bicho de dos pies ha propuesto algo para acabar con la monotonía conyugal? Avises sin hay algo.

De Helga, la esposa de Olafo el Amargado:

Me casé para tener con quién hablar. Él se casó para tener con quién beber. Salí perdiendo en el cambalache. Las suecas tenemos fama de ser liberadas. Lamento admitir que fui la excepción. Soy una nota de pie de página en la alcohólica vida de mi esposo que, como los celulares, se quedó sin terminar. Más que marido, el tipo fue mi peor lapsus. Ojalá Beatriz, mi hija (no la de Olafo), no repita mis errores. Eso sí, que cada bebé nazca con su preservativo debajo del sobaco. No nos dejemos llenar de familia. Ellos tiran la piedra y esconden la mano a la hora de la crianza. No nos merecen.

De Frau Petra, alemana, presidenta de la Asociación Contra Todo Lo que Huela a Macho, Asoctlqham:

El hombre que ha dominado el átomo, ha sido incapaz domesticar el chorro. Parece que hicieran pipí con regadera. En mi casa, sujeto que no hace pipí sentado, es tipo que sale por chatarra. Propongo que por ley obliguen a los machos a orinar como nosotras. Otra propuesta: que sean ellos los que tengan siquiera un hijo. (Con lo cobardes que son no darían un brinco). Mujeres, la consigna es: con los hombres, duro y a la cabeza, como a las culebras.

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