Gay Talese está en la Feria

Gay Talese, uno de los padres del llamado nuevo periodismo, como lo define Tom Wolfe o Periodismo Literario, como lo definen otros autores, está en Bogotá como invitado especial a la Feria del Libro.

Autor de libros como Honrarás a tu padre, en la cual describe con crudeza a la mafia italiana, de perfiles de personajes como “Frank Sinatra está resfriado”, “Joe Luis en su madurez o crónicas maravillosas como “New York, ciudad de cosas inadvertidas”, el hombre ya está por los 80 años y escucharlo siempre será toda una lección de vida.

El diario El Tiempo publica hoy una entrevista concedida por Talese a la periodista, María Paulina Ortiz que recomiendo leer como puerta de entrada a este autor que deberían leer todos los estudiantes de periodismo y comunicación:

Gay Talese habla de su labor como periodista

Por: María Paulina Ortiz
Redacción EL TIEMPO

Gay Talese baja sus gafas de carey hasta la mitad de su nariz y mira de frente a su interlocutora. Incluso sus ojos, color verde oliva, hacen juego con el traje que lleva esta mañana. Es uno de los cien vestidos que guarda en su ropero.

Maestro de maestros en el periodismo, autor de clásicos de no ficción como Honrarás a tu padre, Fama y oscuridad y La mujer de tu prójimo, Talese, de 80 años, deja enfriar el café que le sirvieron en el hotel y empieza a conversar.

A usted lo incluyen como uno de los maestros del Nuevo Periodismo -bautizado así por Tom Wolfe-, pero alguna vez dijo que le molestaba ese término. ¿Por qué?

No me opongo a lo que afirmó Tom Wolfe. Él dijo que la no ficción era tan creativa como lo que hacían los novelistas y era muy crítico de los escritores de ficción. Tuve problemas, sí, con los que se autodenominaban periodistas pero no salían a ver el mundo. A muchos les gustaba la idea de ser parte del Nuevo Periodismo porque les parecía glamuroso. Pero no hacían el trabajo y cometían errores. No les preocupaba la exactitud, quizá porque nunca se la enseñaron, a diferencia de Wolfe o yo, que veníamos de grandes periódicos. En fin: lo que me incomodó, y me incomoda, es que no se haga bien el trabajo: salir a experimentar personalmente sobre lo que se va a escribir, no preguntarlo por correo, ni buscarlo por Google.

Viene de una familia de sastres. Papá, tíos. ¿Por qué no siguió ese camino?

Mi interés en el periodismo nació cuando yo tenía 14 o 15 años, y fue al ver a mi papá leyendo periódicos. Leía The New York Times todos los días. A mí me llamó la atención cómo con el periodismo se podían cubrir los grandes temas. Además, en su sastrería tenía un cliente que era escritor de editoriales de The New York Times y él se volvió para mí la personificación de alguien sofisticado. Y era periodista. Papá quería que yo viajara a París a ser aprendiz de sastre. Pero me fui por el periodismo. No tanto por el cubrimiento de noticias, sino por hacer un periodismo con estilo propio. Así como él hacía con los trajes: lograr un estilo al escribir.

Del oficio de sastre, usted sacó provecho para el periodismo. 
Un traje se hace con técnica y detalles. Igual es con la escritura. 
Así como el sastre, el buen escritor de periodismo es cuidadoso, se asegura de que las cosas se hagan bien y de que en sus creaciones quede consignada su firma.

¿Cómo fue crecer en Estados Unidos cuando miembros de su familia, en Italia, estaban en guerra contra ese país?

Mi papá llegó a los Estados Unidos en 1920. Cuando empezó la Segunda Guerra Mundial, todos mis tíos estaban en el ejército de Mussolini. Yo tenia 10 o 12 años y era consciente de que los tíos eran del enemigo. No estaba seguro de cómo era la fidelidad de papá hacia sus hermanos y su patria, aunque ya era ciudadano norteamericano. Yo veía los dos lados de la historia. Era un observador de mi papá, que recibía clientes norteamericanos y los trataba bien, pero en las noches, cuando estábamos solos en casa, con mamá, hablaba de las cosas que no nombraba de día. 
Así que yo veía dos lados de una personalidad en un espacio chiquito. Viví la Segunda Guerra a través de las ansiedades de un sastre. Ahora pienso que es una buena historia para escribir.

Así se encuentra las historias.

Desde entonces, me di cuenta de que las historias se pueden encontrar en cualquier lado. Sobre un sastre, un zapatero, un conductor de bus, un mesero. Las historias están donde usted las encuentra, no tiene que tener un editor que le diga qué hacer. Puede escoger las que quiera.

¿De dónde nació su curiosidad?

Desde chiquito tuve curiosidad y el almacén de sastre de papá se convirtió en el escenario perfecto para encontrar historias porque allá llegaba todo tipo de personajes. Se montaban en el banquito para que los midieran y yo me preguntaba quiénes eran ellos. 
Además de las medidas de sus hombros, cuál era la historia de cada persona. La noción de buscar una historia me fue inculcada desde antes de la adolescencia. La curiosidad de hallar una historia, pero basada en personajes, no en hechos o en cifras, porque a quién le importa eso. No. En personajes. 
Ha dicho que la paciencia es clave en este oficio.

Sí, y la paciencia la aprendí de mi mamá. Ella manejaba el almacén de ropa; mi papá, el taller. Cuando los clientes llegaban, mamá no trataba de venderles los vestidos. Se ponía a conversar con ellos. Era muy paciente. Dejaba que se probaran uno, otro y les decía cuando se veían bien o mal. Nunca les dijo mentiras para vender porque perderían confianza en ella. Eso se aplica al periodismo. De las circunstancias con las que crecí, saqué lecciones. Más de las que habría sacado en alguna escuela de periodismo.

Entró en la intimidad de la saga mafiosa de los Bonano, para escribir ‘Honrarás a tu padre’. ¿Eso le dejó algún problema personal con ellos?

Ningún problema. Primero conocí al hijo del gánster, que también era un gánster. Era 1965, mi último año en The New York Times, donde cubría historias judiciales. Un día lo vi y le dije: tenemos casi la misma edad y usted de pronto se va para la cárcel. El solo me dijo: “sin comentarios”. Yo le respondí que no quería entrevistas, sino hablar con él algún día, ese año, el otro. En ese momento lo que sabía de él era lo que habían dicho la Policía y el juez, que solo repetían mafia, mafia. Pero yo me preguntaba cómo es un mafioso, qué desayuna, cómo les va a sus hijos en el colegio, qué le dice a la esposa cuando se va a la cárcel. Tres años después de estar hablando con él, escribí la historia, cuando Bonano ya confiaba en mí. Luego de publicarla, seguimos en contacto 40 años más. En el 2006 reimprimí el libro con todo lo que pasó después. Luego murió. El mensaje es que una historia nunca se termina ni tampoco envejece.

¿No le causó problemas la reportería que hizo para ‘La mujer de tu prójimo’?

Mi reputación se fue al piso. Era un libro que se trataba de adulterio, obscenidad, sexo. Y si iba a escribir sobre eso, pues debía meterme en la historia. Si usted es tímido o le da miedo que se dañe su reputación, pues no escriba sobre eso. Escriba de política, de educación. Todos hablaban mal de mí. Decían, ‘ah, Talese llega tarde a casa porque está con las prostitutas’ (así como ahora con esos tipos en Cartagena). Y sí: porque estaba buscando una historia y me metí en su mundo. Así como cuando escribí de mafia. Aquí estaba averiguando sobre el sexo organizado. Mis hijas tenían entonces 11 y 13 años y los papás de sus compañeros empezaron a decir que yo era un tipo sucio, enfermo, y eso salía en los periódicos. Yo no quise responder a las críticas.

Usted dice que la soledad es importante en el periodismo.

Hay momentos en los que uno se tiene que sentar a pensar detenidamente cómo se va a acercar a la historia, cuál es la escena con la que va a abrir el texto. Escribir una historia es como hacer una película. Es como un guion, solo que es cierto. Pero después de hacer la investigación, viene reunir y organizar los hechos. Llega el momento de escribir. Y eso solo puede hacerse en soledad. Escribir, corregir, reescribir.

¿En qué historia trabaja ahora?

Estoy escribiendo una historia para The New Yorker de la que solo llevo 20 páginas, pero vengo trabajando en ella desde julio pasado. 
Es sobre el mánager de los Yankees, que no es una persona muy extrovertida. De manera que lo que tuve que hacer fue hablar más o menos con 100 personas que lo conocen, algunos familiares, vecinos de él cuando era un niño, compañeros en la universidad. Algunos me dijeron cosas que equivaldrán en el escrito a tres palabras, otros a tres párrafos y otros a toda una página. Yo armo un collage hasta volver a las personas en toda su dimensión.

¿Por qué la no ficción le es suficiente?

Solo he escrito una pieza de ficción, en 1966. Una historia corta que la publicó la revista Mademoiselle, donde publicaba Truman Capote. Pero siempre preferí meterle narrativa a la no ficción que quitarle narración a la ficción. Muchas veces la gente de la que escribo no es tan interesante como lo era Frank Sinatra. Por ejemplo este mánager de los Yankees. Él no es interesante, no dice nada sensacional. Pero ahí está el reto. Y el hecho de que sea verdad es lo que la hace emocionante. Igual la podría inventar y está bien, pero tiene más valor que sea cierta. Además, en ficción hay muchos escritores buenos, en cambio en no ficción son pocos los que son buenos.

¿A quién lee Talese?

Leo mucha ficción. En no ficción no encuentro muchos. Hay historiadores buenos. Robert Caro, David Halberstam. Pero si le digo mi escritor favorito, nombro a Philip Roth.

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