La política antidrogas: ¿éxito o fracaso?

Por: Antonio Navarro Wolff.–

Sin duda el tema más atractivo de la Cumbre de las Américas para los ciudadanos del común, es la discusión presidencial sobre la política antidrogas que se ha aplicado en el continente.

Algunos, como el general Oscar Naranjo, sostienen que la experiencia colombiana demuestra que ella no ha fracasado, porque se pasó de una situación que hacía del nuestro un país que se consideraba inviable hace pocos años, a otra donde hay control estatal relativo de las mafias remanentes del narcotráfico, una vez derrotadas las grandes organizaciones del pasado, así como se ha logrado una disminución gradual de las áreas de cultivos ilícitos.

Otros, especialmente los centroamericanos, creen lo contrario y están defendiendo abiertamente la revisión de fondo de esa política definida por el gobierno de los Estados Unidos hace ya varias décadas.

El continente tiene diversas experiencias. Países como Ecuador no tiene sembrados de coca pese a estar entre Perú y Colombia con miles de hectáreas de cultivos ilícitos. Nuestros vecinos del sur han sido exitosos en evitar que comiencen esos cultivos con una política de prevención y disuasión fuerte y un control territorial estricto por parte del Estado. Lo mismo puede predicarse de Venezuela y Brasil en Suramérica.

Pero es cierto también que en los cultivos se aplica el llamado “efecto globo”, pues cuando se aprieta en un lado, se hincha en otro. La disminución de cultivos en Colombia ha producido el aumento de ellos en Perú en los años recientes.

La reducción del consumo, la otra cara de la moneda, presenta también datos con paradojas. Estados Unidos tiene la población carcelaria más grande del mundo: con el 5% de la población mundial, tiene el 25% de los presos del globo, la mitad de ellos relacionados con delitos de drogas. Aplican en casa y no sólo por fuera como a veces se dice, la política de “guerra a las drogas”.

Pese a ello, las drogas incluyendo la cocaína siguen siendo muy accesibles al ciudadano de a pie y sus precios no se han elevado de manera significativa. No lucen convincentes los reclamos de las autoridades de ese país que señalan disminuciones de consumo. A lo sumo ello obedecería al reemplazo parcial de unas drogas por otras.

Algunos países de Europa no aplican la prohibición total a la manera norteamericana sino que tratan el tema con un enfoque de control del daño, consiguiendo resultados interesantes pero limitados. Portugal ha conseguido disminuir el Sida haciendo accesibles jeringas limpias a consumidores de heroína, por ejemplo. Pero ello tampoco ha producido una disminución del consumo y hay quienes argumentan que éste ha aumentado.

El eslabón de la mitad, el tráfico, es el problema más grave en buena parte de las Américas, no resuelto por las políticas norteamericanas ni europeas. Los enormes márgenes de ganancia del negocio hacen que las mafias que lo controlan sean estructuras muy poderosas capaces de corromper o llevar la violencia a niveles insospechados.

Hoy Méjico y parte de Centroamérica son las víctimas de esas poderosas estructuras criminales, que hacen que un general(r) de la mas pura derecha guatemalteca, el nuevo presidente de ese país, esté diciendo públicamente que la fórmula a estudiar debe ser la legalización, para quitar de en medio el dinero que genera la ilegalidad, como se hizo con el alcohol  hace casi cien años en los Estados Unidos de América.

La discusión apenas comienza y todo indica que se nombrará una comisión de expertos que haga recomendaciones. Ello ya es un avance grande y muestra la diferencia que se ha ido produciendo en las relaciones de las Américas, pues una iniciativa del sur empieza a abrirse paso sin que lo impida la potencia hegemónica, que hasta ahora imponía unilateralmente sus puntos de vista a los países de su patio de atrás.

 

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