Coca-Cola mata tinto

Por: Andrés Felipe Castañeda.–

Claro que sí. Eso es innegable, es una premisa absolutamente cierta. Quien la escribió es un visionario que años atrás logró prever que el TLC llegaría a Colombia para acabar finalmente con esa inmunda tradición de tomar tinto.
¡No señores! ¿Cuál tinto? ¡Lo que necesitamos es más Coca-Cola, más hamburguesas de McDonalds, papas Pringles! Toda esa vasta variedad de productos que vienen del norte, de donde los jefes.

¿Tomar café? Eso es para mamertos, para deplorables mechudos de izquierda que escuchan Silvio Rodríguez y Mercedes Sosa. Para eso ha servido el tinto: para que esos guarros inmundos posen de interesantes delante de las viejas esas con las que salen, invitándolas a tinto, diciéndoles disque “¿tomamos un café?”  ¿De cuándo acá?

¡Inaceptable! Tenemos que adoptar la Coca-Cola como bebida nacional, a manera de guiño a la cultura norteamericana. Ya puedo imaginar a los grandes hacendados del país tomando Coca-Cola todo el día. Y que los campesinos dejen también la pendejada y empiecen a adoptar la costumbre de tomar esta deliciosa bebida cada mañana.

Ese será el primer paso para exterminar los vestigios del “mamertismo” latente en ese país y para expandir –aún más- el mercado y los productos estadounidenses aquí en esta pobre tierra: carnesita, toda transgénica gracias a Dios, que el gobierno de allá financia a sus ganaderos para acabar a los pequeños de acá, semillas suicidas para desmineralizar la tierra y dejar sin trabajo al campesino, flores genéticamente modificadas. En fin, tenemos que acabar con lo autóctono si queremos progresar. De ahora en adelante ¡que chocatos ni que ocho cuartos! ¡tenis nike pa’ todo el mundo!

Y lo de la Coca-Cola me interesa mucho. Sobre todo como un símbolo, por lo mucho que representa: esos guaches se verán obligados a decir “te invito una Coca-Cola” en vez de “te invito un café”. Y si quieren tinto, pues esa magnánima empresa también lo hace. De café no tiene mucho, pero tiene su sello y es lo que importa.

Ustedes dirán que  solo quiero productos gringos. Se equivocan. Ellos ponen la Coca-Cola, nosotros la Coca y la Cola. Más o menos así ha funcionado siempre, pero ahora vamos a tener más beneficio por ello. Y cuando digo “vamos” me refiero a nosotros, los dueños del aviso, los de siempre. No se hagan ilusiones.

Llegó a Colombia la era de la comida de plástico que retratará perfectamente esta sociedad de plástico que vive en una democracia igualmente plástica. Sí, como la cara de Santos, como las buenas intenciones de Uribe. Todo es plástico y gracias a Dios, Estados Unidos lo produce por toneladas.

Y cuando los campesinos lleguen a la ciudad sin trabajo y a reclamar un subsidio o alguna de sus ocurrencias populistas, vamos a tener armas recién compraditas para exterminarlos de una buena vez. Después vamos por los que toman tinto y escuchan música protesta.

Por ahora, me voy a servir un vasito de mi bebida favorita mientras espero que todo eso pase.

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