Una embajada para el Ministro

Por Orlando Cadavid Correa

BOGOTÁ, 26 de Mayo_ RAM_…. Para los corresponsales permanentes acreditados ante la Santa Sede, un día normal, sin afanes, en la rutina de un embajador en el Vaticano –el estado soberano más pequeño del mundo— comienza con la levantada, la afeitada, el duchazo reglamentario, la elección ante el ropero del traje que se pondrá y tras atarse los cordones de los zapatos, se le acaba el programa.
Como no hay ninguna posibilidad de que lo esté esperando una “apretada agenda” o una fila de compatriotas por atender en su legación diplomática, tarda un buen rato en despachar el desayuno que acompaña con la lectura de L’ Osservatore Romano, el diario que se publica en nueve lenguas y que viene a ser para el Papa Benedicto lo que es el Washington Post para Obama, el Gramma para Castro o El Tiempo para Santos.
Según la aletargada reportería pontificia, los embajadores no hacen nada en las mañanas y en las tardes descansan. Cuando los acosa el tedio, abandonan las 44 hectáreas vaticanas y salen en busca de diversiones para el espíritu en la bella Roma, la capital de Italia, repleta de museos, teatros, bibliotecas, restaurantes y centros comerciales con variado surtido de zapatos y corbatas de marcas famosas.
Este es el panorama que espera, en los dominios del Papa Benedicto XVI, al entrante embajador colombiano, Germán Cardona Gutiérrez, quien cambia el Ministerio de Trasporte, un verdadero “campo minado”, por los alamares de la diplomacia, aunque el nuevo cargo tenga ciertos visos conventuales.
El ex gobernador de Caldas y ex alcalde de Manizales llegará en junio a la meca de la cristiandad mundial con el encargo presidencial de “traer al Papa a Colombia”, tarea que le deja muy adelantada el saliente embajador César Mauricio Velásquez, quien ha contado con el apoyo del cardenal Darío Castrillón Hoyos, a quien biografió, y de monseñor José Octavio Ruíz Arenas, actual Vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina. El prelado bogotano de 67 años fue Obispo de Villavicencio antes de ser llamado por el Papa al cargo actual en Roma.
El Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Aldo Cavelli, cree que es posible que el Papa, de 85 años, pueda venir a nuestro país en el 2013, después de que le oficialicen la invitación el presidente Santos y la Conferencia Episcopal. Una delegación de obispos criollos lo visitará a mediaos de este mes. Por prescripción médica, el Pontífice no estará en Bogotá, 2.600 metros más allá de las estrellas, pero sí podrá incluir en su gira a Medellín, Cali, Barranquilla y otras ciudades del país.
Tomamos de las redes sociales algunos datos geográficos útiles para el nuevo embajador:
La Ciudad del Vaticano es un estado de Europa meridional, enclavado en Italia, al oeste de la ciudad de Roma, en la margen derecha del Tíber. Su geografía es única debido a su enclavamiento, y es el país soberano más pequeño del mundo. El dominio temporal del Papa comprende la basílica y plaza de San Pedro, el palacio y jardines del Vaticano, la Cancillería y otros edificios anejos. Fuera del recinto vaticano, trece edificios en Roma y el Palacio de Castelgandolfo (residencia estival del papa) disfrutan de derechos extraterritoriales.
Este país de 0,44 km2 es íntegramente urbano, ubicándose en una colina baja, llamada Colina Vaticana desde mucho tiempo antes de que existiera el Cristianismo. El nombre tiene origen etrusco.
Ninguna parte del complejo vaticano está cubierto por agua, aunque el río Tíber queda justo a las afueras de su frontera al Este. Es un estado sin litoral que comparte una frontera internacional de 3,2 km con Italia. La mayor parte de su frontera está tradicionalmente reforzada con un muro de piedra, incluyendo la muralla leonina en los lados occidental y meridional. Obviamente, esta ciudad estado tiene el mismo clima que Roma: templado, con inviernos suaves y lluviosos (de septiembre a mayo) y veranos cálidos y secos (de mayo a septiembre).
La apostilla: En agosto de 1979, la Guardia Suiza de Ciudad del Vaticano impidió que veinte periodistas colombianos ingresáramos a la audiencia que el Papa Juan Pablo II les concedió al Presidente Julio César Turbay y a su esposa Nidia Quintero. La orden superior hizo que nos perdiéramos el milagro de aquel día en que la primera pareja de la nación entrara casada y saliera separada, después de 35 años de vida matrimonial, con muchos hijos y varios nietos. ¡Cosas de la Santa Madre Iglesia!
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