¿Estamos dispuestos a pagar el precio de la paz?

Nos guste o no, el Congreso de Colombia aprobó el llamado “Marco Jurídico para la Paz”. Un paquete de normas que modifica la Constitución Nacional para darle al Gobierno de Juan Manuel Santos la caja de herramientas que dice necesitar para negociar la paz con las FARC y el ELN.

¿Qué viene ahora? No sabemos. Hace unas cuantas semanas circulan rumores según los cuales ya existe un acercamiento entre el Gobierno Santos y las Farc a través del ministro de Ambiente, Frank Pearl y del Consejero de Seguridad Nacional, Sergio Jaramillo. La versión no ha sido confirmada. Tampoco negada.

Cierta o no la historia de reuniones en Austria y Venezuela entre el Gobierno y la guerrilla, lo evidente es que la obsesión del presidente, Juan Manuel Santos es “firmar la paz” y que parece dispuesto a hacer lo que sea necesario para lograrlo.

La pregunta es: ¿Estamos los colombianos -todos los colombianos- dispuestos a pagar cualquier precio para lograr la paz? ¿Qué tipo de paz?

Es vital para Colombia resolver ese interrogante antes de empezar cualquier negociación para evitar que se repitan la historia de la Unión Patriótica cuyos dirigentes y militantes fueron asesinados, obligados al exilio, a regresar o irse al monte porque no todos los estamentos del establecimiento entendieron y aceptaron que debían ceder una pedazo de su porción en la torta del poder.

Parte fundamental del precio que tendremos que pagar por la paz consiste en perdonar y olvidar los crímenes –todos los crímenes- cometidos por guerrilleros o terroristas, según se mire.

¿Estamos dispuestos? Los aceptaríamos como vecinos, compañeros de trabajo o estudio? ¿Cómo yernos o amigos de nuestros hijos? ¿Haríamos negocios con ellos? ¿Podríamos compartir con ellos nuestras vidas, como si nada hubiera pasado? ¿Podremos olvidar y perdonar a los miles de personas que asesinaron, chantajearon o secuestraron por años y décadas? ¿Y si no podemos? ¿Seríamos capaces de admitirlo?

Yo también quiero la paz, pero quiero saber cual es el precio que tendría que pagar por ella. Quiero saber si tengo la garantía de que los futuros ciudadanos están dispuestos a abandonar las armas, el terrorismo y sus prácticas delincuenciales para siempre. ¿Quién me garantiza que no volverán a delinquir, como acaba de ocurrir con los paramilitares que se limitaron a cambiar la razón social de sus empresas criminales?

Todos queremos la paz. Llegó la hora de discutir si estamos dispuestos a pagar por ella.

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