El aborto, una cuestión de mujeres (actualización)

Por: Liliana María Gómez.–

En los últimos días se ha reabierto el tema del aborto. Yo no voy a defender, ni a atacar a quienes lo hacen. Simplemente, quiero dejar claros dos puntos: el primero es que somos las mujeres quienes debemos decidir sobre nuestros cuerpos y el segundo es que la Iglesia católica no puede imponer sus verdades sobre quienes legislan en este tema.  Los católicos pueden tomar decisiones de conciencia y a conciencia pero eso debe ser independiente del derecho positivo.

 

Las mujeres que lo consideren deben y pueden ir a su consejero espiritual y con él o ella tomar su decisión, pero eso es algo que debe hacerse de forma privada. En una democracia no es del resorte de ni del ejecutivo, ni del legislativo, ni del judicial legislar o decretar penas contra quienes toman una decisión sobre su cuerpo.  Y esa decisión debe ser apoyada por la seguridad social, que tiene la obligación de prestar toda la atención en temas físicos y sicológicos según las necesidades.

 

Además como lo dice Carlos Mario Molina en su libro “El derecho al aborto en Colombia”, son las mujeres más pobres, jóvenes, rurales, sin educación, con casos de violencia intra y extra familiar las que más sufren con esta legislación. Ya que las otras, las que cuentan con recursos pueden pagar una clínica privada en donde además se guarda total confidencialidad. Entonces, ¿es necesario seguir castigando a las más indefensas por el hecho de legislar en un tema personal?

 

Que hemos avanzado, pues sí, como lo muestra la  la sentencia de la Corte Constitucional C-355 de 2006 con la que por vía jurisprudencial se acepta el aborto en tres casos: violación, peligro para la salud física de la madre y por graves malformaciones o problemas graves de salud del feto.  Sin embargo, esto no es suficiente porque cada año el número de abortos ilegales en Colombia, según distintas organizaciones es de entre 300.000 y 400.000 anuales, siendo la tercera causa de la mortalidad materna al realizarse ilegalmente y por tanto sin garantías mínimas sanitarias.

 

Entonces, creo que en Colombia se llegó la hora de separar la religión o la fe de la ciudadanía. Y no tipificar como delito, lo que la Iglesia califica como pecado.  Es mejor empezar a informar y formar desde el colegio para que no se llegue al aborto y en caso de que se llegue el Estado debe estar allí para proteger y apoyar a las mujeres en sus decisiones.  Que no se nos olvide que la Iglesia y el Estado son dos Instituciones independientes, lo que se puede observar en el preámbulo de la constitución.

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