La paz hay que sembrarla y cultivarla

Por: Uriel Ortiz Soto (*)

La paz no se improvisa ni se trae de las montañas a las ciudades, hay es que sembrarla y cultivarla en terrenos previamente drenados, seleccionados y abonados para que dé sus buenos frutos. Pretender hacerlo sobre los escombros de una continua escalada narcoterrorista que ha dejado hondas cicatrices por doquier en el alma Nacional, es tarea casi que imposible.

Aunque parezca ingenuo y desproporcionado, para obtener una paz estable y duradera se deben seguir los mismos pasos que se requieren para la siembra de cualquier producto, aplicando la cadena productiva y las alianzas estratégicas, que deben aplicarse para cualquier cultivo por insignificante que sea, que comprende nueve eslabones. El rompimiento de uno de ellos, da al traste con todo el proceso:

1º- Seleccionar la semilla: en este caso los negociadores, deben ser personas comprometidas con la causa, que entiendan muy bien la misión que deben cumplir hasta obtener un equilibrio social, donde no resulten  vencedores ni vencidos.

2º. Preparar el terreno: Esto quiere decir, que, los negociadores deben manifestar sus deseos de paz, sin esconder ninguna de sus debilidades y flaquezas, colocando sobre la mesa todo su pasado y manifestando las razones que los llevan a buscar caminos de reconciliación.  -Si este ejercicio no se hace, sucede lo mismo que con el sembradío, los terrenos no están fortalecidos y lo suficientemente drenados para soportar el crecimiento de sus plantas y posterior producción de las cosechas-.

3º- Construir el germinador: en estos términos, la semilla ha sido seleccionada y llevada al germinador para observar su desarrollo primario y proceder a preparar el almácigo. -Son los negociadores con pleno convencimiento de causa de lo que hacen-.

4º- El almácigo con semillas fertilizadas y germinadas: la naturaleza no se equivoca, al  almácigo hay que llevar plántulas que sean fuertes y resistentes a los embates de la naturaleza. – Son los mismos negociadores con criterios ya muy definidos y con una agenda de paz preestablecida-.

5º- El trasplante: una vez llegado a este punto, se han agotado las cuatro etapas más críticas del proceso, puesto que del almácigo al trasplante definitivo, son muchas las plantas jóvenes que hay que descartar, puesto que no ofrecen garantía de crecimiento y son muy propensas a las plagas. – En términos de procesos de paz, en esta etapa es donde aparecen los enemigos agazapados-, que indudablemente hay que irlos descartando, para que no se crucen en el camino de las decisiones definitivas.

6º- Tiempo de abono y selección: todavía en este campo quedan muchas plantas, que aunque muy espigadas,- como puede suceder con los enemigos de la paz-, se muestran muy frescos y elegantes, cuando en realidad sus intenciones son malévolas puesto que tienen intereses personales y oscuros.

7º- Tiempo de Cosecha y Recolección: llegado el momento de recoger los frutos, – lo mismo que en todo proceso de Paz-, toca montar guardia para que los enemigos no busquen estropearla con sus argucias de mercaderes de la muerte.

8º-  Comercialización: finalizado el proceso de Paz, es indudable que todos nos vamos a beneficiar, aunque parezca irónico decirlo, es la venta de nuestros frutos producidos con amor y tranquilidad en todos los sectores rurales de Colombia.

9º-  Distribución de utilidades: es el beneficio común de todos y para todos.

No quiero ser aguafiestas con las buenas intenciones que tiene el Señor Presidente, de iniciar el proceso de Paz con el aplauso de toda la Sociedad Colombiana, pero, lamentablemente no vamos a negociarla con angelitos enviados por la Divina Providencia; Sino, con una guerrilla narcoterrorista, la más antigua y profesional de Latinoamérica, que ha acudido a todos los métodos y vejámenes habidos y por haber para someter la población civil, especialmente inocentes campesinos, con clara violación de los Derechos Humanos, y las más elementales normas del Derecho Internacional Humanitario.

Los señores negociadores de la guerrilla, en su reciente rueda de Prensa Celebrada en la Habana, Cuba, quieren empezar a escurrir el bulto al sinnúmero de responsabilidades que tienen ante la Sociedad Colombiana y el Mundo, por los miles de crímenes atroces de lesa humanidad que vienen cometiendo de desde hace varias décadas.- Los millones de desplazados, miles de huérfanos, viudas, la destrucción de pueblos, obras de infraestructura, escuelas, cuarteles de Policía, iglesias, el reclutamiento de menores de edad para la guerra, así lo confirman.

Si quieren un procesos de paz serio y duradero, deben reconocer hechos fundamentales que son indispensables colocarlos sobre la mesa de diálogo para acceder a negociar: el primero, es aceptar que tienen en su poder a cientos de secuestrados, cuyas familias y la sociedad los están reclamando desde hace varios años. De otra parte, que reconozcan que son narcotraficantes; decir lo contrario es querer tapar el sol con las manos, y que somos  cuarenta y cinco millones de idiotas útiles que nos vamos a comer el cuento. Precisamente el narcotráfico ha sido el instrumento de financiación, abastecimiento y dotación permanente, de los grupos armados, gracias a ello, han logrado subsistir, sumado también al negocio de la extorsión, el chantaje y el desplazamiento forzado. Finalmente exigir la presencia de Simón Trinidad en la mesa de negociación, a sabiendas que se encuentra extraditado y condenado en los Estados Unidos, es todo un exabrupto.

Todos estos desaciertos nos están indicando que los caminos que conducen a la Paz no son expeditos, ni mucho menos claros. Están llenos de obstáculos que es preciso allanar, por lo menos, reconociendo responsabilidades, con el fin de buscar soluciones a futuro.

 

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