Amor libre

Colombia. El país del café, de las reinas, de los climas infinitos, de las verdes montañas, las extensas llanuras, las carreteras serpenteantes, las afanosas ciudades, los complejos centros urbanísticos y los pueblos encantadores. Ese rincón del mundo donde aún se puede ver y escuchar a la gente cantar por la calle y a los niños jugando a ser adultos. Un país bañado por dos mares –sí, aún tenemos dos mares- innumerables fuentes hídricas y una tierra inmensamente rica.

El país de los muertos, de las minas antipersonales, de los carros bomba, de la corrupción, de la guerra interminable, del darwinismo indolente, de la ley del más fuerte, de los machetazos y las muertes pasionales. El lugar donde quiere prosperar el zángano, el criminal, el ladrón de conciencias, el de la “malicia indígena”, el que más corra, el que llegue primero, el que sabe hacer trampa. Colombia, el país del Sangrado Corazón.

Esa es nuestra realidad: somos un país de contrastes. Un Estado Social de Derecho que tiene mucho de derecho –ultra-derecho- y muy poco de social. Un país donde los principios “democrático, participativo y pluralista” son una simple ilusión.

La religión predominante en Colombia es la Católica, Apostólica y Romana, y aunque la Constitución Política de 1991 separó definitivamente la Iglesia del Estado, esta creencia aún ejerce una fuerte influencia no solo en la vida cotidiana sino en la política del país.

Esto puede evidenciarse en las declaraciones de políticos como el Senador conservador Roberto Gerlein o el concejal de Bogotá Marco Fidel Ramírez. Pero también en la opinión de muchos colombianos que dicen ser defensores de la vida, de la moral y las buenas costumbres y que no ven más allá de las ‘Sagradas Escrituras’ y de lo que sus jerarcas religiosos, desde importantes posiciones en la Iglesia católica, pretenden imponer.

Son ellos los que se indignan por un “Pesebre gay” –un nacimiento hecho por una pareja de homosexuales que reemplazó a la Virgen María por otro San José- o por la posibilidad de que parejas del mismo sexo tengan derecho a legalizar su unión para acceder totalmente a derechos patrimoniales, entre otras cosas.

Con respecto al tema de lo que se ha llamado “Matrimonio igualitario”, Diego Cabra, actor y modelo, perteneciente a la comunidad LGBTI respondió algunas preguntas.

 

 

Andrés Castañeda: Muchas veces se ha dicho que ser homosexual es una enfermedad. Alejémonos de la respuesta obvia. ¿Ser homosexual es una enfermedad, una condición con la que se nace, o una elección?

Diego Cabra: Ser homosexual es algo con lo que se nace. Muchas personas tienen su época de descubrimiento un poco tardío cuando ya se han casado y han formado una familia, pero esto no quiere decir que se han vuelto gays, Simplemente que ese gusto y esa preferencia sexual llega cuando debe llegar

A.C: ¿Es complicado pertenecer a la comunidad LGBTI en medio de una sociedad conservadora como la de Colombia?

D.C: Colombia ya ha avanzado demasiado con todos los temas relacionados con la comunidad, puesto que ya no se mira como una enfermedad sino como una forma de vida y una preferencia sexual. Muchas mujeres e incluso hombres tienen como su mejor amigo a un gay, por esta razón mucha gente  mejorado su pensamiento con la comunidad.

A.C: ¿Cómo es la situación al interior de su familia? ¿Conocen su preferencia sexual? ¿Cómo la asumen?

D.C: Mi familia está enterada de mi preferencia sexual pero nunca se habla del tema, ellos me aceptan como su hijo y su hermano pero no como una persona con gustos diferentes. Al igual son muy respetuosos con el tema y saben hasta donde pueden llegar las conversaciones.

A.C: Últimamente se ha hablado del matrimonio igualitario. Si esta iniciativa se convirtiera en ley, ¿recurriría a la unión legal con su pareja?

D.C: Sí lo haría. Me parece que es una muy buena oportunidad para demostrarle a la mayoría de personas que son heterosexuales que dos personas del mismo sexo pueden contraer matrimonio y formar una familia. Igual estoy de acuerdo con la adopción para estas familias, pienso que es mejor que un niño huérfano tenga dos padres o dos madres a que esté solo en un orfanato.

A.C: ¿Por qué debemos respetar la libertad sexual?

D.C: Se debe respetar a todas las personas porque todos somos distintos, con nuestros gustos y nuestra forma de ser. A la final la “libertad sexual” es un elemento que solo le importa a una persona y su pareja, es algo íntimo, que en ningún momento debe afectar a los demás.
Las respuestas de Diego, como las de muchos otros pertenecientes a esta comunidad, no están cargadas del odio y la discriminación de quienes son sus contradictores, sino de respeto por la individualidad y la expresión de quienes son distintos a ellos.

Pese a los constantes y reiterados esfuerzos de ellos y de otras minorías o grupos vulnerables por construir una sociedad participativa e incluyente, este tema en particular sigue causando recelo en varios sectores sociales del país.

 

La comunidad LGBTI, como muchas otras, trabaja por la construcción de un nuevo modelo de sociedad y un país mejor. No desde el fundamentalismo religioso y el conveniente orden de moral, sino desde el respeto, la inclusión, el pluralismo y la soberanía.
Para finalizar, quiero agradecer a Diego por sus respuestas y me permito decir que si bien la familia es la base de la sociedad, el principio fundamental de esta debe ser el amor, y el amor no tiene género. El amor es libre. El mismo Jesús lo dijo.

“Amaos los unos a los otros como yo os he amado”

 

Por: @acastanedamunoz

 

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