Sentimientos encontrados de un título

Por: Gabriel Romero Campos

Cada hincha de Millonarios tiene su propia verdad de un título que tardó 24 años en llegar. Hoy, todo es recuerdo y sensaciones. Un cúmulo de sentimientos encontrados. De días espléndidos y oscuros. De amores y odios. Millos, a lo largo de este tiempo de ausencias, ha estado en el cielo y en el infierno. Su historia no ha permitido que el equipo se instalara en los grises. Sencillo: o blanco o negro.

Tantos ejemplos para recoger. Un equipo a punto de irse a pique económicamente. Casi desahuciado y de pronto, un grupo de empresarios lo saca de la tormenta y lo lleva a buen puerto. Candelo, años atrás, falla un penal. La tribuna le recrimina. El jugador se despoja de la camiseta, la lanza con desprecio, y uno creería que jamás habría de regresar al equipo. Hoy, Candelo obtiene la estrella 14 como capitán.

Millos era líder del campeonato. Una hábil movida directiva lo pone en frente del Real Madrid. Se produce la peor derrota en la historia del equipo y todo parece indicar que el liderato se perderá y también las opciones en la Copa Suramericana. Sometido a uno de los peores escarnios, el equipo levanta la cabeza y la mantiene erguida en los dos torneos.

El inefable Cosme se convierte en el centro de las críticas. Los hinchas, la prensa, los seres humanos, buscamos un chivo expiatorio o alguien que tenga que ser responsable de nuestras culpas o frustraciones. Esta vez, Cosme es la víctima. Y cuando el equipo es impotente ante un rival, surge Cosme, con su número 7, lejos de toda exquisitez, lleno de ganas, anota y se convierte en ídolo. Pero no importa. Al siguiente juego, Cosme volverá a ser el centro de las dudas y de la ira de no pocos. Y entonces, volverá a convertir, como ocurrió contra Medellín.

Llega Hernán Torres a dirigir. Y no falta quien diga: ¿Para qué lo traen, si jamás ha ganado una final de tantas en que ha estado? Van transcurriendo los partidos y Torres se afianza y cuando el rendimiento del equipo parece decaer, asaltan las dudas. Pero Torres, sin perder sus convicciones, avanza y logra el título frente a un zorro como Bolillo Gómez.

El venezolano Richard Páez, como lo hizo con Venezuela, trae una buena propuesta de juego. Fútbol abierto, ofensivo y de buen trato a la pelota. Alcanza el título de la Copa Postobón, acerca a Millos a una final de la Liga Postobón y luego cae en desgracia y debe irse.

Llega la final con Medellín en Bogotá. La tribuna murmura contra Cosme. Le pide que defina, que patee, que resuelva. Tal vez se le venga la noche y continúe sin convertir. De pronto, Candelo, que no pesaba, juega largo para Otálvaro, que tiene tiempo de medir un venenoso centro a media altura. Y Cosme despierta y anota y corre hacia la tribuna y una vez más lo hace con un sentimiento de revancha, de reproche a quienes no le creen.

Entonces, todo parece expedito para el título. Medellín deberá abandonar su cueva. Millos, ahora en el cielo. Millos, campeón, gritan enfurecidos los Comandos y en medio de su paroxismo se hacen sentir con la pólvora. Los fuegos queman a Millos, que se desconcentra y pierde el control del juego. Medellín se agranda, toma el balón. Se le ve suelto y decidido. Empata y da la impresión de que pasará de largo, pero ocurre lo inesperado. Felipe Pardo celebra en exceso, ve la segunda amarilla y se debe ir en el mejor momento de Medellín.

Ahora, el gran culpable de todo es el arquero Delgado. Un error suyo pone de un hilo el título. Un par de jugadas más muestran que los nervios lo invaden. Va camino del infierno. Los penales. Están igualados. Ya no patean los elegidos, sino los que son impulsados por el destino. Delgado tiene la oportunidad de levantarse de las cenizas. Cobra y es gol. Luego vuelve a lo suyo. Tiene en frente a un jovencito de 19 años, Andrés Correa, ataja y es el héroe. Gracias a él, Millos prolonga su angustia. Gracias a él, Millos es campeón.

En medio de sentimientos encontrados, de esa lucha de contrarios que también es el fútbol, se abrió paso la estrella 14. Como dijo el legendario delantero azul Miguel Ángel Converti, un grupo de directivos ha logrado “reflotar al Titanic”. Millos ha ido al infierno y ha vuelto.

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