Mentir para perpetuar

Por: Miguel Andrés Fierro Pinto.

La ausencia de  una sabiduría mínima  caracteriza al marxismo,  ya que esta corriente no se funda en lo sabio y por el contrario  se amortiguado en el absurdo  afán propio y determinado  de quienes se intoxican  y quieren seguir intoxicando con esta ideología.

Los comunistas, ahora llamados neosocialistas o “progresistas” sufren gravemente  de un vicio de conducta y actitud: el fanatismo y sus estigmas. Padecen  de entusiasmo y carencia  ocular. No  importan los costos,  sino quedar bien sin importar qué está pasando. Precisamente si lo que está pasando  les es adverso a sus intereses,  infieren  en daño y hasta asesinan con maldad a quienes pretenden excepcionarlos. Recordemos que  para  Lenin, para tratar de silenciar la voz de la conciencia natural o de la verdad, afirmaba que es moral y plausible  todo lo que conspire  a la victoria  de la “Revolución”.

Ahora vemos que con el manejo de la enfermedad y la vida de Hugo Rafael Chávez Frías, Caracas y La Habana no desmayan en buscar la maniobra correcta para ocultar la situación real de la salud del dictador nacido en Barinas.

Los intereses que tienen de por medio son bastantes, ya que reconocer y honrar la verdad sin editarla, afectaría mucho su estancia en el poder. No es fácil buscar justificativos ante esta situación, pese a que es un régimen que siempre está a la avanzada  para implementar las medidas acordes a las circunstancias que le llegaran a ser contrarias. “Jugar a la democracia” –sin creer en ella–, es componente de la ética y la grandeza de la  política marxista. Saben cómo poder  ganar a quienes por falta de criterio y firmeza, confunden tolerancia como autorización de lo ilícito.   Así lo vemos en la maniobra que empleó el POPO (Poder Popular) jurisdiccional, quien manifestó que para un nuevo periodo presidencial, Chávez podía posesionarse sin posesionarse ni jurar.

El marxismo está tiene como valor a la mentira. Lo que es verdad lo vuelven mentira y lo que no existe, se lo inventan. En Colombia, algo semejante ocurrió en cuanto a reconocer hechos derivados de la existencia de aquellos nefastos militantes. En el año 2008, el  entonces Ministro de Defensa Juan Manuel Santos, anunció que Manuel Marulanda ya estaba en el infierno, que ya no hacía daño directamente. Dos días después, las Farc a través de un comunicado desde las montañas de Venezuela, informó que Manuel Marulanda murió de muerte natural. Claro, es natural que si a uno se muera si  le cae una bomba fruto de un ataque aéreo. Lo antinatural sería no morir. Así fue cómo Manuel Marulanda murió en la Operación Filipo. Si Juan Manuel Santos no da esta declaración en su momento, las Farc aún tendrían vivo (en su imaginario) al nefasto Tirofijo, ya que no le convenía reconocer la gesta de nuestras FF.MM.

 

Con Hugo ocurrirá lo mismo. Hasta que no esté consolidada una sucesión efectiva, una maniobra eficaz para para justificar la continuidad del régimen, no tendremos noticias oportunas ni francas con respecto a la salud de Mico mandate Hugo.

 

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